Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

viernes, 5 de mayo de 2017

Poesía Norteamericana (82): Edgar Allan Poe:




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ANNABEL LEE

Hace muchos, muchos años
         en un retiro junto al mar
vivía una doncella a quien quizá
         conozcáis como Annabel Lee
y esta doncella no vivía con otra idea
         que amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño, y ella era una niña
         en este reino junto al mar
pero amábamos con un amor más que amor
         mi Annabel y yo,
con un amor que los serafines del cielo
         nos envidiaban a los dos.

Y por este motivo, ya hace mucho,
         en este reino junto al mar
un viento sopló desde una nube, helando
         a mi hermosa Annabel Lee,
así que vinieron sus nobles parientes
         y la apartaron de mí,
para encerrarla en un sepulcro
         en este reino junto al mar.

No tan felices en el cielo, los querubes
         no nos dejaban de envidiar.
¡Sí! Por este motivo (como todos saben
         en este reino junto al mar)
vino el viento una noche de una nube
         helando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era mucho más fuerte
         que el de aquellos mayores que nosotros,
         de tantos que eran mucho más sabios,
y ni los ángeles arriba en el cielo
         ni los demonios del mar en su confín
podrán jamás mi alma escindir
         del alma de la hermosa Annabel Lee.

Pues jamás riela la luna sin que sueñe
         con la hermosa Annabel Lee,
y jamás salen las estrellas sin que sienta
         los brillantes ojos de Annabel Lee;
y así toda la noche yazgo al lado
de mi amada, mi amada, mi vida y esposa,
          en el sepulcro aquel junto al mar,
          en su tumba junto al mar sonoro.



Edgar Allan Poe.

Varios Autores. Poe y otros cuervos. Primeros poetas norteamericanos. Mono Azul Editora, 2006. Traducción de Antonio Rivero Taravillo.

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