Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 7 de febrero de 2017

Poesía Norteamericana (31): John Drury:




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UN BLUES EN LA CAPITAL DE LA NACIÓN

Cuando la ciega tocaba su requinto
             y gruñía -un gemido bajo con palabras-
pensé que era triste su manera de pedir limosna,
             pobre mujer, con el paliacate en la cabeza,
aquel perro callejero en un arnés roto enroscado junto
             al huacal en que se sentaba, su falda
a cuadros casi abarcaba la madera. Ligaba las notas
             y murmuraba y deslizaba una barra metálica hasta el cuello.

Intenté arrojar algo de cambio a su lata para monedas
             sin hacer ruido, pero clavó la vista
y movió la cabeza, con los dedos jalando las cuerdas agudas.
             Chequé mi tarjeta tarde en el almacén para caballeros
y fui acomodando en montones parejos las camisas
             color limón, lavanda. El jefe
y yo sacamos el inventario, pusimos las etiquetas de rebaja,
             bajamos a la bodega, como a una cueva.

             Aburrido del trabajo, comprendí
                      que nada de lo que ella tocaba era triste,
             no pedía limosna, fanfarroneaba
con brasas ardientes en la boca, doblando los alambres
haciéndolos compatibles con su oscura silueta, notas agraciadas y refunfuños.
              Me preguntaba cómo viviría, alzándome de hombros,
reconociendo que nunca lo sabría. Pero sí vi un catre de soldado,
                       un petate
               donde dormía el perro, un plato caliente,
y una caja de El Producto con cuerdas enroscadas de guitarra,
               que ella hacía pasar por las clavijas,
dándoles vuelta hasta escuchar el tono apropiado.



John Drury.

Varios Autores. Líneas conectadas, Nueva poesía de los Estados Unidos. April Lindner Editor, 2006. Traducción de Pura López Colomé.



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