Dibujo de BEGOÑA CASÁÑEZ CLEMENTE

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

lunes, 6 de febrero de 2017

Poesía Norteamericana (29): Julia Álvarez:




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CÓMO APRENDÍ A BARRER

Mi madre nunca me enseñó a barrer...
Una tarde me sorprendió viendo
la tele. Echó un vistazo al suelo polvoriento
con cierto atrevimiento, me puso una escoba
enfrente y dijo, antes de partir, que le gustaría
poder cenar sobre esa mesa,
con la pupila fija junto a mis pies.
Supe de inmediato lo que esperaba
y puse manos a la obra. Mientras yo estaba barre
que te barre, la tele gritaba las noticias; me concentré
en lo que tenía que hacer,
y minutos después san se acabó.
Su piso quedó tan inmaculado
como un plato recién lavado.
Mientras esperaba su regreso,
me puse a ver al Presidente,
en vivo desde la Casa Blanca, hablar acerca de la guerra:
en el Lejano Oriente nuestros soldados
aterrizaban en sus helicópteros
en selvas que sus aspas barrían
como hierbas vistas bajo el agua
mientras confusos disparos emergían
de aquellos hermosos jardines verdes
sobre los que descendían estas libélulas
llenas de hombrecillos.
Me levanté y volví a barrer
conforme iban cayendo del cielo.
Empecé a barrer más fuerte cuando
vi morir a un montón de ellos...
como si su polvo cayera a través de la pantalla
sobre aquel piso que acababa de limpiar.
Mi madre regresó y apagó el aparato;
la pantalla se oscureció. Qué maravilla, 
dijo, y pasó la mano limpia por
mi cabello, y después por la ventana,
por el pretil, la mesita, la mecedora, el escritorio
y la mantuvo en el aire -yo aguanté la respiración-.
Qué maravilla, dijo, impresionada:
ni una brizna de muerte.



Julia Álvarez. 


Varios Autores. Líneas conectadas, La nueva poesía de los Estados Unidos. April Lindner Editor 2006. Traducción de Pura López Colomé.


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