Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 25 de enero de 2017

Pablo Benavente: La respuesta es no ser como ellos (1):



CARDIOMEGALIA

Una mutación;
un defecto, en sí:
el corazón
más grande de la cuenta.

De fábrica, dicen,
de nacimiento
y, una vez, me salvó la vida
desviando un golpe de gracia
y sin ninguna.
En retorno,
por equilibrar, o ajustar cuentas,
quizá
algún día me la quite.

La historia tiene su punto:
estoy vivo
por mis defectos.
No intentes quererme por otra cosa.







RAÍCES

A David González,
por enseñarme a contar lo que nadie cuenta.


Cuando me preguntan de dónde soy
Digo: "natural de Cádiz",
pero soy de otro sitio
y otra parte.
Un agujero, un pozo, para algunos:
La Línea es una ciudad,
dejó de ser un pueblo -para casi todo-
hace mucho.

En el pozo, el feudo
y no por la tierra labrada, ni por labrar,
ni los castillos,
más bien porque, el poder, recae
sobre cuatro picas, lanzas altas, familias
de delincuentes de poca monta,
de políticos -que ya crían telarañas
de pasarse entre ellos los cargos-
y, también, por el honor:
la ley de la jungla, el código samurai,
o la total ausencia de estos.

En el agujero, una vez,
no tendría más de quince años, dieciséis quizá,
trataron de clavarme una navaja
en el instituto.
No recuerdo qué hice para merecérmelo,
simplemente salió de la esquina, a mi izquierda,
y, sin miramientos, dudas, y con una pésima puntería:
lanzó el brazo, casi sin mirar.
No falló,
pero aquí nada es una victoria.
En la Línea hay, según dicen desde fuera:
un sesenta por ciento de paro
y una veintena de coches de lujo.
En La Línea, según dicen los de dentro:
todo el mundo es feliz,
pero, entonces, no entiendo:

¿por qué nadie sonríe?



Pablo Benavente. La respuesta es no ser como ellos. Frida Ediciones, enero de 2017. Prólogo de María López. Epílogo de Alberto Claver. Portada e ilustraciones interiores: Cristina Reina. Fotógrafa: Andrea Silván. Maquetación y corrección: Papiroplus.


Nota 1 de David González: Agradecido a Pablo Benavente por su hermosa dedicatoria en su poema Raíces.

Nota 2 de David González: Agradecido también a Alberto Claver, por mencionarme en el epílogo a este libro de poemas, concretamente: Donde escupen versos escritores como, el citado en el libro, y epiloguista de Izar la negra, David González; una clara referencia para Pablo (y por qué no decirlo, para mí también).



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