Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

domingo, 6 de noviembre de 2016

Víctor Hugo Viscarra: Borracho estaba, pero me acuerdo (3):








    LA BRUJA

    A este cuate le pusimos de mal nombre la Bruja, porque era feo con ganas. Si fuese un poco más inteligente, hubiera seguido un juicio criminal a sus padres por haberlo engendrado. Su especialidad era takabobos (ladrón de relojes) pero en una de esas apareció vistiendo uniforme. Lo habían aceptado en el Grupo Especial de Seguridad. Vestido de jerga, quería pasarse de conchudoo con los cuates, pero como lo conocíamos bien, siempre lo poníamos en vereda. Él entonces cobraba su bronca a los giles que nunca faltan.
    La Bruja fue trasladado al Regimiendo Nº 3 de El Alto donde hizo tabla rasa con los giles que por las noches van a cañar a los boliches de la Ceja, especialmente con los que van al putero de la María Mulata y al de la Katunga. No hay que olvidar que en El Alto hay más robos que en La Paz y los choros más conchudos se van a trabajar allí.
    La Bruja pensó aprovechar sus conocimientos sobre el hampa para sacar el mayor provecho posible, pero tuvo que frenarse cuando cierta tarde, en la cantina de don Pacífico, en el puente de Villa Victoria, un muchacho pesado le dijo que si se pasaba de pendejo, él se encargaría de dejarlo para el perro.
    Debido a sus reiteradas faltas y por haber sido sorprendido borracho y con uniforme, y otras macanas que le batieron sus cuates, la Bruja fue suspendido de la guardia y echado a la calle. Como no sabe trabajar honestamente, ese tío volvió a ser el mismo choro de antes, y hasta para dormir tuvo que volver al Ejército de Salvación, de donde había sido botado, cuando se descubrió que tenía chacota.
    En diciembre del 84, le dijeron a la Bruja que en Santa Cruz recibían gente para trabajar en la Guardia; sin pensarlo dos veces, recogío su libreta de servicio militar de la Policía y se fue a trabajar allá, donde lo aceptaron sin mucho problema. Un cuate que llegó recién de Santa Cruz, me dijo que la Bruja es el mismo conchudo de antes y que allá hace llorar a los giles que da miedo.



Vícotr Hugo Viscarra. Borracho estaba, pero me acuerdo. Mono Azul Editora, 2006.

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