Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 1 de noviembre de 2016

Víctor Hugo Viscarra: Borracho estaba, pero me acuerdo (2):








       LAS BATIDAS DE LA POLICÍA

      Así como los agentes civiles realizan batidas para capturar choros que tienen cuentas pendientes con la cana, así también los uniformados realizaban hasta hace poco sus batidas diarias para capturar cañas que chupan más de la cuenta.
     En un "caballo blanco" los uniformados recorren las cantinas deteniendo tanto a los artilleros como a los caritas que se han quedado dormidos sobre las mesas. Pecan toda clase de personas, incluso universitaris que hacen sus primeras armas en el difícil arte de la artillería.
      Cuando el camión está lleno, conducen a los detenidos a las inmediaciones de la Plaza de San Pedro, donde los bombos dejan en libertad a los que pagan la suma estipulada como multa. A los que no tienen plata, se los llevan hasta la Academia de Policías donde les obligan a realizar toda clase de trabajos. A los que aparentan estar más cagados por su vestimenta, los llevan al río para que laven arena y recojan piedras. Otro grupo está encargado del empedrado entre la calle 15 de Obrajes hasta Alto Següencoma, zona habitada exclusivamente por oficiales de la Policía. Los más se quedan en lo que hoy es el regimiento policial Nº 4, para ayudar a los albañiles que construyen las viviendas para dicho regimiento.
       Los detenidos permanecen dos o más días, de acuerdo al capricho del oficial que ha realizado la batida. Además de hacerlos trabajar todo el día, rara vez les dan algo de comer, porque los policías aducen que con ese castigo un bebedor puede dejar de serlo. Cuando los dejan en libertad, las personas tienen que subir a pie desde Següencoma a la ciudad, y a paso normal lo menos que se tarda es 120 minutos. Es fulero caer en una de estas batidas; yo caí dos veces y no quisiera repetir esa experiencia.



      Víctor Hugo Viscarra. Borracho estaba, pero me acuerdo. Mono Azul Editora, 2006.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.