Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 14 de noviembre de 2016

Ana Vega: El cuaderno griego (y 3):




PELEAR. Levantarse cada día supone una batalla cruenta. Luchar significa, tan sólo, concederse un día más, no matarse todavía. La dinámica del frío.







CADA PASO que damos nos conduce a un duelo. La vida implica cambio. El no muerto sabe que hay un momento en el duelo en el que consigues salir fuera de tu propio cuerpo y contemplar el mundo, tu mundo, desde un punto muy, muy lejano. Es una sensación extraña, nada y todo tiene sentido. De repente, la serenidad llega y alcanzas a ver el equilibrio cósmico, cada error en tu camino, cada dolor, cada paso. Y, sin embargo, no es un momento feliz, agradable, el no muerto nunca se ha sentido tan lejos de todo, y de todos. Es como si un superviviente nunca se recuperase de haber vencido, de ganar la batalla, como si nunca superase la victoria frente al dolor. El no muerto sabe muy bien que esto te separa para siempre del resto del mundo, y de ti, en cierto modo, también. Como si en la cima sólo hubiese espacio para uno. Como si nadie pudiese entenderte, ni tan siquiera otro superviviente, porque cada uno lucha y vence, y vive el dolor a su manera. Cada batalla es única e irrepetible. Pese a todo el no muerto se levanta cada mañana y sigue caminando.



Ana Vega. El cuaderno griego. Ediciones Trabe, 2016.

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