Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

viernes, 14 de octubre de 2016

Gabriel Oca Fidalgo: Una novela quinqui (y 3):









ASÍ pasaron las horas. Demasiado jóvenes para ese jaleo, pero con todos los efectos secundarios del prospecto. Los chavales eran fieles devotos del caballo y tenían un concepto del tiempo que no cuadra en tus baremos. El tiempo no era ni corto ni largo, ni templado ni frío, ni alegre ni aburrido. El tiempo colgaba de un gancho y ellos estaban metidos en el saco, un tiempo que funciona con una lógica cartesiana... como el pajarito de palo que permanece encerrado en el reloj de cuco: la maquinaria marcha con una precisión matemática, cuando toca te escupe fuera y tú tienes que hacer el ¡cu-cú! quieras o no quieras. Son las reglas del juego y si no las cumples ya sabes lo que te espera. Otros adoran a Satán, le dan los ahorros al Opus, se compran la pandereta del Hare Krishna o se lanzan en parapente. Ellos en cambio Adoraban La Heroína, y cuando estás en esa timba ya no importa cómo vaya la partida mientras tengas el caballo que alimenta tu sentencia. Eran las reglas del juego, la lección era igual para todos y aprendías la letra con sangre. Necesitaban el caballo si no querían que el tiempo fuese un infierno, necesitaban la aguja para desconectarlo. Entonces el tiempo podía pasar como quisiera, en lunes o en viernes, en domingo o en jueveres, vestido de primavera o travestido de carnavales, podía pasar con sol o con nieve, con bajas presiones o chubascos dispersos, cargado de fiestas o sembrado de entierros. El tiempo podía pasar como quisiese porque estaban vacunados y no les afectaba el encierro.



Gabriel Oca Fidalgo. Una novela quinqui. Ediciones Lupercalia, 2016.



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