Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 12 de octubre de 2016

Gabriel Oca Fidalgo: Una novela quinqui (2):




ERA lo que había. La pensión era el próximo movimiento y se pusieron a ello. Las cosas estaban como estaban y era tontería pelar la cebolla, llorar quitándole capas, andar con remordimientos. Si no le dan puerta a esos mierdas no se habrían largado a Madrid, y de no haber matado al pelón no estarían otra vez aquí. Di que también es mala suerte que para hacerlo cojas un coche con un cadáver en el maletero, quince kilos de heroína y armamento. Y eso dejando a un lado el mosqueo que tendría el dueño, que era una cuestión en la que no se habían parado a pensar todavía porque no habían tenido tiempo. Bastante tenían con lo puesto... que llegues a casa de nuevo y dejes a un picoleto seco a las primeras de cambio. No. No se rayaron la cabeza pensando, no perdieron ni un segundo con eso. La tormenta soplaba con tanta fuerza que ya no sabían donde había empezado  girar el torbellino de la desgracia, el remolino de reveses que les engullía en el vórtice de su destino como un huracán majarón y vengativo.







LA HISTORIA había rodado tan deprisa que no habían tenido tiempo de pararse a espulgar las conjeturas. Era el momento de cuadrar, sacar los decimales a lo posible y estudiar lo tangible. Y con su enlace de deducciones no tardaron en pasar de la madera. Estaba cantado que la policía sabía loo que tenía la maleta, y que la maleta la tenían ellos, y que los dueños vendrían a por ella, y de ahí la noticia caliente y no por otra cosa, su GPS de regalo con veinte años de adelanto. La policía a fin de cuentas es una mafia como otra cualquiera, no creo que tengas que ser un lince para ir trenzando los hechos. Los datos se sostenían por sí solos, de ahí que acabasen sospechando que les iba a importar poco lo que pasase con ellos, que se cargasen a su cebo. ¡Cualquier cosa con tal de cerrar el saco con todos los gatos dentro! Los chavales además les traían de cabeza y si caían en combate sería una carambola perfecta.



Gabriel Oca Fidalgo. Una novela quinqui. Ediciones Lupercalia, 2016.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.