Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 6 de octubre de 2016

Gabriel Oca Fidalgo: Una novela quinqui (1):




YO SIEMPRE pillaba lo mismo cuando tenía dinero: un gramo de burro y zumbando. Me lo comía en cuatro chutes calcados y no dejaba ni los filtros para el día siguiente; me encerraba en el cuarto con dos cajetillas de rubio y me ponía a leer si no me quedaba dormido. Y a veces escribía, escribía de la campa que esperaba y de las campas que había conocido, del quinqui que íbamos a ver y de todas las caravanas que tenía en el recuerdo. Y así en caliente me gustaba lo expuesto, pero al día siguiente le echaba un vistazo y lo rompía todo en pedazos, lo embutía en la estufa a puñados y le pegaba fuego.







NO VOLVÍ a verles el pelo. En ese momento no podía saber que era la última vez que estaba con ellos, aunque fue una despedida guapa por lo menos. Nos dejaron a la entrada del reino, antes de bajar nos pasaron una buena bolsa y luego empezaron a pegarle acelerones al coche, salieron disparados como siempre y se perdieron en la curva con chirriar de goma quemada, pegando bandazos a tope de revoluciones y enderezando con el freno de mano. Me imaginé la sonrisa del Boni y me acerqué a cara bella con tiento, dándole cuerda al rosario mientras le pasaba la lengua por la oreja, los colegas se borraron de la imagen y empecé a contarle mis penas: que me mondaba el corazón como una manzana cada vez que se le marcaban los hoyuelos al dibujar esa sonrisa, que era como una Barby de fresa con la carita que tenía, ¡que estaba hasta los cojones de todo y sólo quería tocarle la pandereta!, por placer, por amor, ¡con pasión! Pero la realidad seguía amagada al fondo del cuadro, infranqueable como una alambrada de espinos frenando mis embestidas: yo quería comerme su tesoro y ella sólo funcionaba por negocio. Para cerrar la rima tenía la cabeza mejor amueblada que la mía y apagó mi fuego con sabiduría milenaria.
- ¡Déjalo estar!, anda... Somos buenoos colegas, y sabes de sobra que solo nos traería problemas...



Gabriel Oca Fidalgo. Un novela quinqui. Ediciones Lupercalia, 2016. De la ilustración de portada: "Handcuffs", by Victor-



Nota de David González: Ya no tengo por costumbre hacer comentarios sobre los libros que posteo en este blog. Creo que los textos se defienden por sí mismos o no. Pero en este caso, y en el de la entrada de esta noche, haré una excepción. Me ha jodido, y mucho, terminar la lectura de esta novela, pues este tío, Gabriel, Gabi, escribe como los ángeles, aunque sean los del infierno. Si este tío tuviera nombre y apellidos anglosajones no dudo en afirmar que este texto recibiría toda la atención que se merece. Pero me considero afortunado con ser uno de sus lectores. Chapeau, Gabi, colega :-) 

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