Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 5 de agosto de 2016

(Tras)lúcidas (26): Laia López Manrique:








BLIND

(i)

Perder la vista. Perder de vista. Perder el sentido.
Sin sentido, y sólo entonces, cruzar el espacio. Sin achatar,
por primera vez, los objetos. Palpar la amenazadora,
siniestra, tercera dimensión.

(ii)

En un viaje de metro, de camino al trabajo, ella ve, sentada
a su lado, a una mujer con las cuencas de los ojos vacías.
La mira atentamente, con voracidad, casi con angustia.
¿Es eso, en realidad, lo más parecido a la muerto que ha
visto nunca, más allá del pensamiento árido de su propia
finitud, de las lecturas discontinuas de Heidegger, de algún
poeta que habla sobre el límite?
Mira el horror en los otros, la transida indiferencia.
Se hace una pregunta. ¿Conocerá esa mujer la historia de Edito?
Quisiera que no la conociera. Quisiera proteger a esa mujer
de la historia, de todas las historias. Quisiera, en el fondo,
no haberla conocido ella misma.
Ver a esa mujer viva, allí, en aquel asiento, aparta de su
mente la idea, pocos minutos antes masticada, del suicidio.
Deja de ver la necesidad de morir e intuye que hay
una única, primaria dirección.



Laia López Manrique.

Varios Autores. (Tras)lúcidas. Bartleby Editores, 2016.


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