Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 12 de agosto de 2016

Réjean Ducharme: El valle de los avasallados (3):




CORREN tras de mí como tras un asesino sin que yo haya asesinado a nadie. Pero no están locos. Tienen motivos para querer matarme. Saben que les odio, que odio lo que han hecho, que odio lo que han hecho con la vida que me han entregado antes de entregármela. Tengo de asesino lo que el fuego tiene de incendio. Y ellos lo saben. No hay que dejarse arratrar por el fuego. Tengo que huir como un ladrón sin haber cogido nada de nadie salvo mi vida. Pero tengo motivos para huir. Sé que uno no tiene derecho a emprender su vida, que al emprender tu vida te llevas toda la vida por delante, que cualquiera que huye con su vida huye al mismo tiempo con la vida de todos los demás. El odio aún no ha cristalizado en delito. Aún no he actuado. Pero tengo motivos para intuir que ellos me persiguen.






SI NO SOY FELIZ, es porque no he procurado serlo. ¡Ya bastante me cuesta intentar conservar la sombra de dignidad que me queda! Si, en principio, no he buscado la felicidad es porque no me dice nada, porque es horrible, porque supone una colaboración con la hediondez. Reniego de todo comercio con el mundo inmundo que me han impuesto, al que me han lanzado sin sentencia como a un esclavo a galeras. Me han lanzado en medio de una chusma con tanto gaznate y tanta tripa, que ni siquiera se da cuenta de que tiene alma, una chusma dispuesta a todas las cadenas, a todos los crímenes contra el alma y su dignidad, para tener acceso al pesebre donde, tres veces al día, los amos le dan de lamer. ¡Oh, señores, antes me comeré mis excrementos! ¡Oh, dueños, vuestras jaulas, tanto de ruedas como de hormigón, tanto por aire como por mar, os las haré tragar! Seguiré siendo una prisionera mala, una galeote insumisa e irrespetuosa. Me pasaré el tiempo intentándome fugar. Aguantaré en silencio los tratos de cuerda que merecerán mis blasmefias y seguiré blasfemando. Quienquiera que seáis, amos, me sublevo contra vosotros, os escupo sin pudor a la cara. Os llamo miserables, os llamo lujuriosos, sádicos, paranoicos, esquizofrénicos. Si tengo el corazón hueco es porque he elegido no ponerme a cuatro patas, no ladrar, no luchar con los cuatro mil restantes por vuestras sobras. Poco me gustan los lobos, pero prefiero los lobos a los perros, porque los lobos prefieren antes devorarse entre ellos que dejarse pasear por la acera del extremo de una correa para hacer sus necesidades.



Réjean Ducharme. El valle de los avasallados. Ediciones Doctor Domaverso, 2009.


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