Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

miércoles, 10 de agosto de 2016

Réjean Ducharme: El valle de los avasallados (2):




APELO al desorden. Pero no acude nadie. Llamo y reclamo. Nada sucede. Algunos gallinas al oírme toman mis palabras por cuestiones conminatorias y se dispersan con espanto.  Reclamo la guerra del hombre contra su obra. ¡Desorden! ¡Guerra! ¡Confusión! ¡Lucha! ¡Dispersióon total! ¡Toma de posesión! Reclamo y reclamo. Y nada. ¿Tendré que ser yo misma quien tire la primera piedra, quien meta fuego al polvorín y a quien por ello cuelguen hasta que la muerte me llegue, yo que justamente reclamo porque no encuentro lo suficiente...?






¿POR QUÉ gimotear en una tarima? Podemos amontonar montañas sobre montañas, escalarlas, llegar a jugar en las estrellas con nuestras manos. Tomarlo todo, apoderarnos de todo. Todo nos pertenece; basta con creerlo. ¿Por qué estar en vela, día tras noche? Basta con dirigirse al lugar y dominarlo. ¿Por qué esperar? Basta con irse. Todos los reyes de este mundo, esos usurpadores, son los que han usurpado nuestros tronos. Basta con una espada en ristre. Todos esos ríos, todos esos mares, basta con diezmarlos de piratas. Nuestros templos y basílicas, ¿cuándo sacaremos de allí a los sacerdotes y monaguillos? Todas esas bellas mujeres, son tus mujeres, Christian. ¿Hasta cuándo soportarás que se las repartan como si tú no existieras? Vámonos. Volaremos y asesinaremos, como dos libellas. Metamos fuego a esta plaga de parásitos cuyos refugios llevan el nombre de casas. Reventemos las minas de oro, las minas de piedras preciosas, las minas de sortijas y relojes, las minas de melones y limones, las minas de margaritas y violetas, las minas de nieve, las minas de clavos y tablones, las minas de bacalaos y anguilas, las minas de elefantes y panteras. Reinar de nuevo. Marcharse. Ir a recuperarlo todo.



Réjean Ducharme. El valle de los avasallados. Ediciones Doctor Domaverso, 2009.


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