Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

jueves, 11 de agosto de 2016

José Pajares Iglesias: Huesos de Jum, Huesos de Gur: El desertor del Nihonshu (y 3):







EL DESERTOR DEL NIHONSHU (Relato completo, y 3)

Que su cabezonería con la extraña idea de hacer whisky, su desencuentro con su padre, su travesía en barco, su deambular por las destilerías llamando educadamente a la puerta para desentrañar los misterios de la bebida deseada, su ir y venir por estaciones en aquel país donde todo el mundo abría los ojos de forma diferente, todo eso, todo, era una antesala, un viento poderoso empujados de su popa. Todo eso en un nanosegundo. Habían pasado tan solo 186 años. Eso suponiendo que no hubiese pasado por alto algún detalle que le remontae aún más atrás. Y recuerda la navidad de 1919, cuando él le pidió matrimonio. Ahora ya había dos familias, en dos puntos distantes del planeta, que se oponían a los planes de sus hijos. Algunos ímpetus no conocen barreras. El ocho de enero de 1920. Ese día se casaron. Recuerda el anciano esa peripecia y otras, pero se recrea en esos dos o tres detalles porque han sido los centros de su vida. Recuerda el tiempo que vivieron separados mientras él construía su destilería, en aquella isla del norte de Japón, donde el agua era tan pura. Ella entonces ya se llamaba Rita. Y el último recuerdo que le asalta, junto a esa chimenea con forma de pagoda donde siempre secaron la cebada, es el más amargo. Aquella pérdida, en 1961, cuando aún era demasiado pronto para que ella se fuera. Porque este anciano al que sostener el vaso parece costarle tanto esfuerzo, cuando la recuerda vuelve a ser el joven vigoroso que la amaba sin descanso y ahora, entre todos los aromas de lo que levantó con tanto esfuerzo, el que le asalta, le sobrecoge, le hace ausentarse de la vida ya casi para siempre, es el persistente, inolvidable, de Rita. Y lo más demoledor es que le viene a la boca su sabor como si acabase de besarla hace un minuto.



José Pajares Iglesias. Huesos de Jum, Huesos de Gur. Canalla Ediciones, 2016.



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