Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 10 de agosto de 2016

José Pajares Iglesias: Huesos de Jum, Huesos de Gur: El desertor del Nihonshu (2):







EL DESERTO DEL NIHONSHU  (Relato completo 2)


Recuerda ahora de nuevo con una pequeña sonrisa, cómo se movió la siguiente pieza del engranaje cuando trabajaba en Osaka para Settsu Shuzo y este le envió a Glasgow para que aprendiese el arte de hacer whisky. Y, sobre todo, recuerda aquel día de 1919. Ese recuerdo es el que está adherido a sus entrañas con más nitidez, con más fuerza. En la estación de tren de Glasgow, allí estaba. Jessie Roberta Cowan. Despreocupada. Hermosa. Envuelta en el vapor de aquella máquina que tosía a su lado. Masataka tuvo que posar su maleta en el andén e instintivamente cruzó las manos sobre el vientre. Aquel látigo invisible descargó una vez más, y en ese mismo instante, ella le miró. Ella se llevó el dorso de la mano hasta la boca, y la otra mano, enguantada con una coquetería chic perfecta, se posó sobre la zona de su ombligo. En ese nanosegundo, el mismo rayo descargó en dos lugares diferentes. La última tos del descomunal animal de hierro la hizo desaparecer tras una niebla de vapor. Piensa ahora Masataka que ese nanosegundo se había venido gestando desde el momento en que su antepasado decidió hacer vino de arroz en 1733.


(CONTINÚA MAÑANA)


José Pajares Iglesias. Huesos de Jum, Huesos de Gur. Canalla Ediciones, 2016.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.