Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 9 de agosto de 2016

José Pajares Iglesias: Huesos de Jum, Huesos de Nor: El desertor del Nihonshu (1):







EL DESERTOR DEL NIHONSHU (Relato completo I)

    Masataka Taketsuru sostiene en sus manos el delicado vaso que le ha acompañado toda la vida. Muestra esos rastros blancuzcos del vidrio que tiene la fortuna de envejecer si haberse hecho añicos. Semiporcelanizado de tanto ahber sido continente, de tantas manos como lo han retenido a salvo de la ley de la gravedad, es ahora un talismán para el anciano, y un imán de recuerdos sobre todo. Hace ya cuarenta años, en 1939, su amadísima mujer Rita se lo regaló, cuando Masataka levantó con su esfuerzo la primera destilería, para que hiciese las catas del whisky que se había empeñado en elaborar en Yoichi, en la isla de Hokkaido, al norte de Japón. El anciano recuerda ahora, junto a los toneles llenos de ese oro líquido que ha ido perfeccionando toda su vida, la peripecia que le hizo cruzar el planeta para encontrarse con más amores de los que esperaba. Siente un ansia juvenil renovado cuando rememora la aventura que comenzó en su ciudad natal, Takehara, al lado de Hiroshima, donde su familia llevaba haciendo sake desde 1733. No quiso disgusstar a su padre y estudió química, pero el primer enfrentamiento llegó cuando el joven Masataka rechazó convertirse en el continuador de la tradición del nihontsu y se mostró decidido a aprender un arte más lejano. El de la elaboración del whisky. Su padre sufrió con su decisión, que no entendió. Su madre, silenciosa, desapareció en una sombra durante meses. Recuerda eso ahora el anciano Taketsuru tras echar en el vaso un poco de su mejor blended. No lo beberá. Se lo llevará a la nariz con parsimonia. Una nariz sabedora de todos los aromas. Sabe que ya no necesita beberlo para saborearlo en su boca. Igual que solo necesitaba cerrar los ojos en cualquier reunión, aspirar el aire de la sala y saber que Rita acababa de llegar envuelta en hermosura.


(CONTINÚA MAÑANA)


José Pajares Iglesias. Huesos de Jum, Huesos de Nor. Canalla Ediciones, 2016. De la portada: José Ángel Torrijos Paraíso.



    

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