Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 9 de agosto de 2016

Gsús Bonilla: Anna (1):








Crees que todo lo que haces a diario
es lo correcto, crees que lo correcto encamina
hacia la felicidad. Hoy, que me han abierto la jaula,
he decidido acuclillarme en un rincón;
sentí que tenía las palabras para decirlas.
Restos de comida: frutas
verduras; aserrín, cáscaras de huevo
y los posos de café. Trozos de madera, la poda del jardín:
ramas, raíces y pétalos de rosas:

El saldo de nuestra civilización. El manto,
que cubre la tierra como una ciudad
descomponiéndose.

Es todo tan verídico, que cuesta imaginar
la vida en ella. Nada lo impide
y hocico cada invierno sobre él.

Escribo todo en un papel, sé quién es árbol,
quién dedica sus hojas al fracaso. Sé
quién abre el camino.

A estas alturas del poema
commemoro la nieve. No por su frío
sino por su claridad. Es el ciclo del tiempo.

El cerebro es un laberinto que canaliza exacto
el hedor del aire y alcanza todas las estrías
del entendimiento.

Son tantos los cadáveres, que se te hinchan
los ojos, hasta que ya no puedes más... La vez
que alcé la nariz del suelo reconocí
el olor de mi hija. Bueno, quizá no fuese así exactamente,
pero venía desde muy lejos
y me resultaba familiar.



Gsús Bonilla. Anna. Ediciones del 4 de agosto, julio 2016. De la ilustración: Anna Bonilla:








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