Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

miércoles, 3 de agosto de 2016

Cristina Morano: Hazañas de los malos tiempos (2):



 
    Cuando estás abajo, sin dinero, sin futuro, sin paz, también la piel colapsa. Se hace arbusto áspero, común, demasiado común.
    Hablaba con todo el mundo de dinero, de trabajo. Conseguía algunas migajas, por ejemplo, Bartleby Editores me encargó maquetar algunos de sus libros. De nuevo haciendo libros (de nuevo la felicidad). Necesitaba tanto el dinero... ¡Pero parece que nadie lo tenía, en general! Empecé a plantearme la posibilidad de emigrar.
    Emigrar ¿a dónde? Con 45 años, sin ganas de nada, sobre todo sin ganas de obedecer. No tenía ahorros, no tenía nada, tuve que pedirle un préstamo a mi padre. Escribí un poema sobre ser charnego, meteque, oreja mocha, lo puse al frente del "Cambio climático". Antes de separarnos, Hache y yo vendimos todo lo que teníamos: todo, ordenadores y televisor al Cash Converter, libros al trapero, ropa por Internet... no sé qué más. Colgué en Internet la camiseta que David Delfín me vendió cuando expuso su trabajo con ORLAN en el EAV de Murcia. Nadie hizo una oferta, creo que nadie tenía dinero ni ganas de gastarlo.





    Desgloso aquí los datos: de los 750 euros de la prestación por desempleo, 400 iban al alquiler, 200 para la luz y el agua y los otros 150 para la línea telefónica y la comida más básica: leche, legumbres,  huevos, pan y patatas. En casa se comía lentejas y arroz hervidos casi todos los días. Mi ex suegra nos traía hortalizas y garbanzos, traía pescado frito muy rico y todo lo que podía. Mi madre me daba comida y dinero cada vez que iba a verla, me regalaba sus sábanas, sus toallas; los amigos nos prestaban dinero. Mi padre me pasaba 200 euros todos los meses. En el invierno, la factura de la luz había subido a 300 euros al mes. Entonces, apagué la estufa, pero comprendí que el ordenador y el agua caliente los necesitaba full time. Me da igual no comer, necesio agua caliente y conexión. Si quiero volver a trabajar en algo debo conservar internet y aspecto limpio.



Cristina Morano. Hazañas de los malos tiempos. Newcastle Ediciones, 2015.



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