Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 4 de julio de 2016

Maeve Ratón: Los peces del duelo (y 3):



PUERTAS

Como no supe de dónde la vida
ante ella me excusé por un instante.
Sorprendida la muerte, dijo al verme:
Las desapariciones momentáneas
son en la puerta de al lado de aquella.
Hasta allí me llegué, y pensé en llamar.
Pero aún esperé saber qué decir.
La noche llegó como un adjetivo,
y hasta las diez y diez me acompañó.
Ya era de día, y entré sin llamar.
Recibí un bofetón y un rapapolvo.
No fue mi madre. De nuevo; la vida.







SE ME OLVIDÓ QUE TE OLVIDÉ

Fui yo dejando la memoria abierta
como el que deja migas
                                      por descuido,
en ciertas calles
                         desnudas
                                        de hogar.

Allí,
        confeso el olvido
                                    de amor,
se vació los bolsillos
                                  y huesos
devoraron los perros
                                  de Mo Yang.



Maeve Ratón en Los peces del duelo (Ediciones Evohé, 2016).


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