Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 25 de julio de 2016

Eva Delgado: Donde mueren los recuerdos:



NOS CONOCIMOS en la primavera de 1898. Apareciste sin más en el pueblo. Nadie sabía muy bien quién eras, ni de dónde habías salido pero tu desparpajo y saber estar encandilaron a casi todo el mundo dejando de lado el pequeño detalle de averiguar qué te había traído a Olmos. Un par de mentiras bien contadas y todo el mundo quedó satisfecho. Menos mi padre; el nunca se fió de ti, y en cuanto a mí: a mí me conquistaste con una simple mirada, eso solo bastó para caer rendida a tus pies. Sólo era una niña.






   MI EMBARAZO ya se notaba mucho, y todo el mundo me daba la enhorabuena preguntando y felicitándome porque, al parecer, ese embarazo sí llegaría a su fin. 
   Tú estabas radiante. Se te había metido entre ceja y ceja que lo que llevaba en la barriga era un niño, y no parabas de decirle a todo el mundo los planes que tenías para cuando naciera. Yo, a veces, te tomaba de la mano para tranquilizarte y aclarar que, hasta que no asomara la cabecita, no podíamos aventurarnos a decir lo que era. Pero no me escuchabas.
    Siempre se tenía que cumplir tu santa voluntad.



Eva Delgado. Donde mueren los recuerdos. PiEdiciones, 2015. Fotografía y diseño de cubierta: Puri Sánchez P.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.