Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

jueves, 12 de mayo de 2016

Hunter S. Thompson: La maldición de Lono (2):



Durante una de esas discusiones, el rey Lono golpeó a su reina con tanta violencia que la mató sin querer. El fallecimiento de Kaikilani lo sumió en una desesperación tan profunda que abandonó sus responsabilidades regias y se dedicó a vagar por las islas, organizando una serie de combates de boxeo y lucha libre en los que se enfrentó a todos los participantes. Por lo visto, se cansó pronto y se retiró sin haber perdido nunca, más o menos a finales del siglo VIII o IX. Luego, aún aburrido y desconsolado, se marchó en una canoa mágica para visitar "las tierras extranjeras", de las que volvería, según prometió, en el momento adecuado.




Yo lo miré a los ojos, sacudí la cabeza y volví al puente para sacar una barra. Era la primera vez que el capitán Steve probaba la mescalina, y me di cuenta de que le estaba llegando al cerebro. Por la confusión de sus ojos, supe que no se acordaba de que se había llevado nuestro último frasco de estimulantes cuando se lanzó al agua con la bombona de oxígeno para asegurar la cuerda del ancla, que ató a una piedra del fondo, a más de veinte metros de profundidad. Se lo había metido en el bolsillo del bañador, y yo se lo quité cuando volvió al barco y me bebí la mitad de la amarga y salada mezcla de un trago. Ackerman, que comprendióo de inmediato la naturaleza de la tragedia, se bebio el resto.



Hunter S. Thompson. La maldición de Lono. Editorial Sexto Piso, 2016.

Traducción de Jesús Gómez Gutiérrez.



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