Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 28 de mayo de 2016

Geoff Dyer: Pero hermoso:



Insistía en que sus acompañantes tocaran su música a su gusto, pero no dependía de ellos como si lo hacía Mingus. Se trataba siempre de Monk y el piano, de eso iba su música. Lo bien que se supieran su música le importaba más que si eran buenos solistas. Para él su música era tan natural que la idea de que a alguien le planteara problemas interpretarla le desconcertaba. A menos que pretendiera ir más allá de las posibilidades físicas del instrumento, daba por sentado que sus acompañantes sabrían tocar cualquier cosa que les pidiera.




Acuna el saxo en los brazos. Lo coloca en posición vertical, nota cómo las llaves suenan contra los botones del uniforme carcelario. La sombra se ha acercado a medio metro de él y Art deja la solana para cobijarse al fresco. Después de unas cuantas escalas, comienza tocar una melodía sencilla, que conoce bien, algo con lo que ir haciéndose al instrumento, acostumbrándose a la boquilla, recuperando dignación. Toca despacio. Un par de tipos chasquean los dedos; ve un pie que se mueve ligeramente en el patio luminoso.



Geoff Dyer. Pero hermoso. Penguin Random House, tercera edición, junio de 2014. Traducción de Cruz Rodríguez Luis.


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