Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 31 de mayo de 2016

Elena Román: Ciudad girándose (1):



EL JUZGADO


Al juzgado va la gente después de pelearse, para que otros se peleen por ellos. Un juez da golpes con la maza como sinónimo de autoridad y se alisa la toga como señal de beneplácito. Los abogados llevan en sus maletines leyes y billetes. Los inculpados estudian baldosas si se habla de ellos. Cuando hay niños en los pasillos, todos dicen apenarse mucho, pero no tanto como los niños, no tanto como los pasillos.




EL CINE

En el cine puedo uno quitarse los zapatos, comer palomitas y dormirse incluso, si es que la película proyectada es de algún director de apellido incompleto condenado a morar rincones oscuros. En el cine los personajes son enormes, y los paisajes y los disparos y las bombas y los teléfonos móviles y los besos son enormes, y siempre se sienta en la primera fila el que más mueve la cabeza. Cuando se termina la historia, continúan las otras.



Elena Román. La ciudad girándose. Ediciones de Baile del Sol, 2015. Ilustración de cubierta: Conchy Franchy.





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