Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

domingo, 3 de abril de 2016

Wilfred Owen: Los tambores del tiempo (2):







UN MAYOR AMOR

No hay labios más rojos
          que las piedras manchadas con los besos de los muertos ingleses.

El cariño entre amantes y amados
parece una afrenta al amor puro de estos soldados.
¡Oh, amor, tus ojos pierden su encanto
          cuando veo otros en mi lugar cegados!

Tu esbelta estampa
          carece del fino temblor de las piernas y brazos cortados a cuchillo
que van por ahí dando tumbos
donde a Dios no parece importarle,
hasta que el indómito amor que llevan dentro
          los detiene en la extrema decrepitud de la muerte.

Tu canto no suena tan suave...
          aunque recuerda la brisa, murmurando entre las vigas del desván...

Tu querida voz no es pura, clara y vespertina
si se hace querer tanto
como las de aquellos a quienes ya nadie oye,
          ahora que la tierra ha acallado sus lastimosas bocas que tosían.

Y tú, corazón mío, jamás ardiste tanto ni latiste tan fuerte u hondo
          como aquellos corazones agrandados por las balas;
y si tu mano se ve pálida,
más pálidas están todas las que tu cruz
arrastra a través del fuego y del hielo:
          llora, llora si puedes, ya que no podrás tocarlas.



Wilfred Owen en Los tambores del tiempo (Editorial Funambulista, febrero 2016).

Traducción de Carles Llorach-Freixes e Isabel Cruz.


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