Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 28 de abril de 2016

Roberto R. Antúnez: Ovnis en la noche americana (y 4):





Era habitual
perseguir
a las extrañas luces en el cielo
desde el coche
durante cientos de kilómetros.
"Bienvenidos a Denver"
reza un cartel amarillo.
Ni el viejo ni tú
jamás habíais estado allí.
Centenares de libros
en el maletero
en la noche americana.
Cavar un hoyo lo más rápido posible
en la tierra húmeda,
con restos de tela asfáltica:
Las obras completas de Ezra Pound,
otra vez "El libro tibetano de los muertos",
revistas de artes marciales,
"La Divina Comedia",
una edición francesa de "Viaje al fin de la noche",
fanzines del ejército simbiótico de liberación,
los blancos tratados de arquitectura de Le Corbusier,
las novelas de James Salter.
Y para el final,
los libros de poesía.
Echar cal viva por encima de todo ello,
como hacen los tipos de traje negro que vienen de Florida
y volver a dejar la tierra en su sitio.
Poner el coche en marcha,
conducir toda la noche
sin quitar la vista ni un segundo de la carretera,
no decir ni una sola palabra
a nadie
de todo esto.



Roberto R. Antúnez. Ovnis en la noche americana. La Penúltima editorial, 2016.


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