Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 27 de abril de 2016

Roberto R. Antúnez: Ovnis en la noche americana (3):






A veces,
cuando
te acercabas
al micrófono plateado,
te sentías
el "speaker" de una velada de boxeo.
El smoking te quedaba demasiado justo
y por el rabillo del ojo
intuías a Muhammad Ali,
postrado antes del sudor y los golpes,
para beber el agua limpia de las fuentes del autoconocimiento.
Los minutos previos a salir al escenario
eran tediosos, de idas y venidas,
obsesionado con el sonido y las estridencias.
Muchas luces en el rostro, demasiadas,
una bola de luz cósmica
que habías visto recurrente en el sueño rojo.
Y ya estabas delante de toda esa gente
a la que no volverías a ver nunca más.
Tenías tanto que contar
y tan poco tiempo.
Hubieses parado de tocar
en más de una ocasión
y habrías llorado
y habrías reconocido
que tenías miedo, mucho miedo,
que todo a veces era muy complicado
y que no querías cantar,
esa noche               no.
Novoselic y Grohl
estaban de acuerdo
con tu plan de aovillarse
con un oso de peluche
en el escenario,
apagar las luces
y soñar con una isla desierta
donde Gauguin os esperaba feliz,
sin haber probado el alcohol en semanas,
para reanudar, felices y desposeídos,
los agotadores días de la infancia.



Roberto R. Antúnez. Ovnis en la noche americana. La Penúltima editorial, 2016.


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