Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 26 de abril de 2016

Roberto R. Antúnez: Ovnis en la noche americana (2):






Imagina por un momento
que Burroughs
acepta ser el viejo crucificado en el videoclip.
Se colgará de una austera cruz de madera
con una corona de espinas
que circunvalará el bosque dormido de su demencia.
Aceptará su papel
para hacer feliz a Kurt.
Campos de adormidera
para un calvario pictórico
del que el mismísimo Van Gogh
hubiera estado orgulloso.
La niña de ojos azules
lleva puesta la túnica del Klan
y llora porque siguen sin explicarle nada.
La muerte como alrededores,
un adentro que en realidad es un afuera,
la muerte como fruta mordida
del árbol de conocimiento (...)
Comienzan a rodar en el plató
y se hace la oscuridad
antes de que las guitarras y la tristeza de Kurt
aviven el incendio.
Bajo los trigales y las amapolas,
los muertos hacen con ternura
el pan de cada día
y dejan su amor en saquitos junto a los postes de telégrafo.
Una luz cenital que viene de lejos, poderosa e intangible,
ilumina la escena.
Ilumina al viejo Burroughs.
No habrá martirio ni derramamiento de sangre.
El viejo crucificado
sonríe al ver la estela condensada de platillos volantes.
Llevaba mucho tiempo
esperándolos,
casi había perdido la esperanza.
Han venido
para destruir el lenguaje.



Roberto R. Antúnez. Ovnis en la noche americana. La Penúltima editorial, 2016.


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