Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 18 de abril de 2016

Richard Sennett: El Respeto:


    La falta de respeto, aunque menos agresiva que un insulto directo, puede adoptar una forma igualmente hiriente. Con la falta de respeto no se insulta a otra persona, pero tampoco se le concede reconocimiento; simplemente no se la ve como un ser humano integral cuya presencia importa.
    Cuando la sociedad trata de esta manera a las masas y sólo destaca a un pequeño número de individuos como objeto de reconocimiento, la consecuencia es la escasez de respeto, como si no hubiera suficiente cantidad de esta preciosa sustancia para todos. Al igual que muchas hambrunas, esta escasez es obra humana; a diferencia del alimento, el respeto no cuesta nada. Entonces, ¿por qué habría de escasear?






    Imagínese un amante que declarara: "No te preocupes por mí. Sé cuidar de mí mismo. Nunca seré una carga para ti." A un amante así lo pondríamos de patitas en la calle. Nunca una criatura que no necesita nada tomará en serio nuestras necesidades. En la vida privada, la dependencia une a los individuos. Un niño que no tuviera adultos de quienes depender para orientarse terminaría por ser una persona gravemente dañada, incapaz de aprender, profundamente insegura. Como adultos, si evitáramos a las personas más enfermas, más viejas o más débiles que nosotros y que necesitan ayuda, tendríamos, en el mejoor de los casos, un círculo de conocidos, pero no amigos. Sin embargo, en el ámbito público, la dependencia se muestra como vergüenza.



Richard Sennett. El respeto. Editorial Anagrama., 2003. Traducción de Marco Aurelio Galmarini.


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