Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

miércoles, 17 de febrero de 2016

Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (1):


En este libro, La línea oscura, del cubano Pedro Juan Gutiérrez se recogen poemas escogidos de sus nueve libros de poesía, así que lo que voy a hacer es postear cada mañana un poema de cada uno de esos nueve poemarios. Y empiezo con un poema de Espléndidos peces plateados (1994).






EL DESCANSO DEL GUERRERO

Para Jacqueline Maggi


Una vez tuve una mujer en La Habana
que me enseñó a ver los colores.
Yo nunca veía los colores.
Los grandes planos de color, que se empastelan el uno en el otro,

se disuelven, se deshacen, se transforman
atravesados de luz.
Y yo me los perdía.
Ella vivía en el silencio y el aire.
Y me decía suavemente,
mira el dorado del mar en el crepúsculo
o el azul intenso y la espuma blanca a las ocho de la mañana

o el plateado de la luna,
la turbulencia de la lluvia,
la transparencia del invierno
o todos los verdes atropellados en el campo.
La fugacidad del gris y el naranja que se difuminan espléndidos

en ese minuto exacto en que el sol se va.
El mundo me cambió desde entonces.
Aprendí a vivir en la luz y en el color.
Conocí la fragilidad de la permanencia.
Aprendí tal vez a pensar lentamente,
aprendí a detenerme el tiempo necesario.
Entonces comencé a abandonar la prisa y el desespero.
Después ella, como es habitual
en los que tienen un gran corazón,
siguió sola su camino.
Y yo creo que fue preferible.



Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015. Prólogo de Rafael Acosta. Imagen de portada: Lola del Castillo.


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