Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 9 de febrero de 2016

La casa de los corazones rotos (17): Un poema de María Luisa Mora Alameda:






DEMASIADAS VERDADES

Ya no sé qué decirte,
Se me escapan las palabras de la boca
y vuelan hasta ti sin mi permiso.
Demasiadas verdades.
Demasiada profundidad en los conceptos.
Demasiados oídos para escuchar mis confesiones.
Mientras, siento que tú te burlas de mis ojos,
que vas recogiendo mi mayor tesoro y devorándolo
como un caimán engulle al Mundo.
Demasiada tristeza para que se la cuentes a los otros
mientras los maremotos se apaciguan
y las fortalezas destruidas se vuelven a erigir en donde estaban.
Pero no sé qué decirte para que tú me confieses
dónde está el lugar de tus aviones,
dónde tus nubes bellas, dónde tu meteoro interrogante.
Y yo voy regalándote, sílaba a sílaba, las penas del pasado
mis anhelos dormidos,
mis pretenciosos mapas del orgullo.
Ojalá nunca me traiciones
y todo quede en ti
como quedan las ajadas flores
sobre las heladas tumbas de los muertos.



María Luisa Mora Alameda en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


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