Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 13 de febrero de 2016

George Plimpton: El hombre que estuvo allí (2):



   Entramos en un cuerpo a cuerpo. Me quedé sorprendido al ser apartado, cuando vi el brillo de la sangre en la camiseta de Moore. Parecía un poco alarmado. El torrente de lágrimas sin lugar a dudas lo desarmaba. Se adelantó y me envolvió en otro cuerpo a cuerpo. Me susurró al oído: Oye, respira, amigo, respira. Sonó la camana y me aparté de él hacia mi esquina, ansioso por sentarme.




Norman Mailer hablaba de Hunter Thompson con algo de desdén. Pensaba que era demasiado fácil complacer a los seguidores de Thompson. Era como jugar al tenis sin red. Los lectores de Thompson no tenían ningún interés en el evento -ya fuera la Super Bowl, la política o el combate por el título en Zaire-, sino solo en cómo afectaba el evento al autor. Así que, de hecho, la única cobertura que tenía que hacer Thompson era sobre él mismo: cuanto más desdeñara el combate y permaneciera alrededor de la piscina como una cuba y ensimismado en sus manías características (siempre que pudiera recordarlas y ponerlas por escrito), más les gustaría a sus lectores.



George Plimpton en El hombre que estuvo allí. Contra, diciembre de 2015.


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