Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

viernes, 29 de enero de 2016

La casa de los corazones rotos (6): Un poema de Manuel del Barrio Donaire:







ALGUIEN QUE SEA YO

Apagar la televisión así
de rápido y salir cagando leches
al mundo a que te ocurra algo importante,
pedir café con sacarina, otra cerveza,
hablar, comprar tabaco y videojuegos,
comprar un disco, un libro azul,
echarte novio o novia o las dos cosas,
follar también, mirar siempre hacia arriba.

Ser yo, ser alguien bien vestido y bien pagado,
un cuerpo con camisa de algodón,
jersey de pico y gafas de colores,
alguien que vive hasta altas horas
en pubs, en oficinas, en centros comerciales,
alguien que sólo vive y que no sabe
qué hacer con tanta carne saludable
                                                        y tanta luz,
alguien que simplemente vive aquí,
un dormitorio, un baño, una cocina,
alguien que está porque hay que estar
                                                           y ser
                                                                  y parecer,

que tiene plaza de garaje y trastero y microondas
y mandos a distancia,
alguien que vive, insisto
y que se aburre de que nunca pase

nada.



Manuel del Barrio Donaire en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).



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