Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

martes, 15 de diciembre de 2015

Pablo Cerezal & Claudio Ferrufino-Coqueugniot: Madrid - Cochabamba (y 3):


    Visitamos a un amigo. Comimos chorizo con picantes. Jugamos rayuela. Entró la tarde. A las tres el amigo se fue y le tomé la mano para llevarla hacia el norte, camino del cerro. En una callecita lateral de tierra desvié. Seguimos la huella y en un bosquecillo al lado del descampado me acosté. Hice que tirara de mis pantalones y agachara su rostro hasta tan cerca de mí que rompí su boca. Luego se desnudó. Tez de café centroamericano. El pubis, de escasa cabellera, no resaltaba, pero el cuerpo en su totalidad estaba bien, sabroso, un poco magro y huesudo pero delicioso. Encima, ejercitaba taquiraris movía las caderas como un tiovivo. Eres mi segundo hombre, confesó. El primero fue River, por River Plate; es fanático del fúlbol argentino. Y si cuentas esto, te mataré.

Claudio Ferrufino-Coqueugniot.




    Cochabamba, corazón de la madre tierra, y sus habitantes abandonan la terminal de autobuses, a lomos de flota que parte a golpes de volante mal calibrado despidiendo a la ciudad con una salva de bolsas de plástico y restos de comida lanzados desde las ventanas para ir a posarse en el suelo que nunca limpiarán los operarios de limpieza municipal que el municipio no está dispuesto a pagar porque debe abonar el coste de las gigantografías. Cochabamba, corazón de la madre tierra, Pacha Mama y toda la fenomenología del engaño, éramos felices cuando amábamos la tierra y Cristo no existía, y no pensábamos en erigirle memoria de granito en lo alto de un cerro para que dominase la ciudad, a sus habitantes, y a las hileras de excursionistas que hacen caso omiso a las advertencias de poder sufrir robo o violencia si deciden subir la ladera a pie y sin acompañante local.

Pablo Cerezal.


Pablo Cerezal & Claudio Ferrufino-Coqueugniot en Madrid-Cochabamba (Ediciones Lupercalia, 2015)



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