Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 12 de diciembre de 2015

Pablo Cerezal & Claudio Ferrufino-Coqueugniot: Madrid - Cochabamba (2):


    Hola guapo, ¿no quieres compañía?, bueno todo como ves, y sí, todo lo que puedo observar aparenta bueno y sabroso, y quiero compañía pero no soy guapo y tus palabras reverberan hueco de tan manidas y aprendidas y me pregunto si sabes alguna palabra más en español aparte de las consabidas que hacen referencia a las diferentes preferencias amatorias de mis compatriotas. Poco precio, buen material, hago todo, y no lo dudo pero el precio seguramente se escapa de mis posibilidades, más hoy, que recibí el último ingreso del subsidio por desempleo, y sé que aunque hubiese cobrado cincuenta veces la misma cantidad no llegaría jamás a equiparar monetariamente las glorias que tu mínima vestimenta juega a mostrar son dejar de ocultarlas.

Pablo Cerezal.




    Aquel monstruoso esperpento, el comandante Joaquín, me hizo prometer a los siete años que vería a su asesino, el general René Barrientos Ortuño, por el mismo camino del desastre. Corté papel cuadriculado, pinté con lápices de color Staedler una bandera boliviana y otra roja con la cruz gamada, de la Luftwaffe desde un libro de símbolos y mapas. Las camuflé en la grama descontrolada del patio delantero de casa, allí donde jugaba a guerras permanentes entre indios y cowboys, entre vikingos y sajones, entre flores amarillas y flores rojas, entre hormigas negras y hormigas caníbales que habitaban el pasto interior. Guerra sobre guerra, fuego, artillería que caía en gotas de plástico hirviente haciendo salta a los insectos. Los incendié, las banderas coloreadas, en casi rito de maldición y esperanza.

Claudio Ferrufino-Coqueugniot.

Pablo Cerezal & Claudio Ferrufino-Cogueugniot en Madrid-Cochabamba (Ediciones Lupercalia, 2015).



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