Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 5 de noviembre de 2015

Thom Gunn: Mis tristes capitanes & Chaquetas negras:


MIS TRISTES CAPITANES

Uno a uno aparecen en la oscuridad:
unos pocos amigos,
y unos pocos con nombres históricos.
¡Qué tarde comienzan a brillar!
Pero antes de que se desvanezcan
Se levantan perfectamente personificados.
Y todo el pasado, como un manto de azar, los acaricia.

Ellos fueron hombres quienes, pensé, vivieron
solamente para renovar las desperdiciadas fuerzas
gastadas en cada ardiente convulsión.
Pero ahora, a pesar de la distancia, permanecen en mí.

La verdad es que ellos no descansan aún,
porque ahora que están realmente
apartados, lejos de los fracasos,
se dirigen hacia otra órbita
y se vuelven, como las estrellas, hacia nosotros
con una sólida y generosa energía.




         CHAQUETAS NEGRAS

         Cuando la música del disco termina
Y el silencio crudamente prolonga un instante de tiempo,
         El pelirrojo, que en sus días laborales conducía una camioneta
Vistiendo un guardapolvos, ahora, como sus amigos,

         Llevando puestas botas de motociclista y una chaqueta
Para arreglárselas con la pandilla de los domingos,
         Escuchó, al inclinarse con una cerveza en la mano,
El suave crujido del cuero rodeándole el cuello y el mentón.

         Frente a él, en su manga de color carbón, habían quedado
Como marcas de sus lejanos esfuerzos, manchas, rayas y quemaduras.
         Pero esas insignias no podrían revivir
Las heroicas caídas o los ascensos donde fueron ganadas.

         Pero puestas en los hombres que bebían apiñados,
Creando siempre una nueva personalidad para su impenetrable pandilla;
         No eran más que simples trozos de cuero,
Los cuales, adheridos a los hombros donde habían crecido,

         Emitían ahora, a través de la oscuridad del bar,
Señales anónimas e inesperadas de luz,
         Como aquellas luces que producen los barcos: a veces
Destellan en la bahía; otras veces, están perdidas en medio de la noche.

         El chico se estiró como un gato, y sintió
El amargo sabor de la cerveza sobre su lengua,
         Escuchó una broma que estaban contando:
Pero prefirió quedarse con las cosas del presente.

         Si solamente fuera una pérdida lo que llevaba puesto,
Lo que llevaba puesto era para confirmar, con una devoción feroz,
         Su complicidad y nada más.
Se acordó de su iniciación en el grupo

         Y, especialmente, de uno de los ritos:
Sobre los hombres de él habían grabado algunos tatuajes:
          El nombre del grupo a la izquierda, Los Caballeros,
Y a la derecha, el lema Nacido Para Perder.


Thom Gunn en 26 poetas de lengua inglesa del siglo XX (Editores Be-uve.dráis, 2003).

Traducción de Diana Dunkelberger y Marcelo Rioseco.




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