Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 4 de noviembre de 2015

David González: Astronautas (y 7):





ASTRONAUTAS (y 7)

En primer lugar, es aconsejable que, tal y como yo hice, media hora antes, minuto arriba minuto abajo, de inyectarte las mil ochocientas, 1800, dosis de insulina, mortales de necesidad, dejes disolverse bajo la lengua dos o tres comprimidos de Valium 10 , o lo que es igual: dos o tres comprimidos de Diazepan Prodes.  Poco más tarde, cuando se dejen sentir sus efectos, te acurrucarás, en posición fetal, y entrarás flotando en esa noche oscura sobre la que ya escribió en su día el poeta Dylan Thomas. En segundo y último lugar, y es esta, la que sigue, una condición indispensable, de mortal importancia, que no admite discusión posible, el astronauta, en el momento de su ansiado tránsito, llámalo sueño, hacia el coma diabético, hacia la nada, ha de encontrarse completamente solo y aislado, en cuarentena, si se me permite la expresión. Eso, como es natural, si el cosmonauta no quiere que, consciente o inconscientemente, le acabe sucediendo lo que a mí, o sea, resucitar. En mi caso en concreto, en cada una de las ocasiones, tantas como bolígrafos de insulina trae cada caja de seis, en que estuve en un tris de cruzar el umbral y perder la conciencia, desmayarme, y entrar así en el estado, casi irreversible, de coma diabético, serían las mujeres, esas que decían que me amaban, las que me mantendrían despierto, las que me harían tragar, contra mi voluntad, la cantidad suficiente de azúcar como para traerme de vuelta a la vida. Qué vida, cabría preguntarse. Qué vida, cabría preguntarles a ellas. Preguntárselo a Barbel, a Chica, a Dalila y a Manuela. La respuesta a semejante pregunta está en los libros de poemas y en los relatos que he escrito y editado. Si sientes curiosidad, cosa que dudo, solo tienes que comprarlos, o robarlos, y leerlos. Y si lo haces, leerlos, entonces, en ese caso, estarás de acuerdo conmigo en el siguiente enunciado, con el que pongo fin a esta narración y con ella a mi vida:  aunque sea por mi por propia mano, hay cosas que no se pueden dejar al azar, después de una VIDA AMARGA me merezco, creo yo, una muerte que la compense, que me compense, o sea, una, la, MUERTE DULCE.


David González en el Cuaderno 3, inédito, del ciclo Los que viven conmigo.

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