Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

domingo, 1 de noviembre de 2015

David González: Astronautas (3):





ASTRONAUTAS (3)

Su primogénito, y con esto llegamos a mi padre, el Hombre de la Cicatriz en el Ojo, vive en la ciudad. En agosto cumplió setenta y seis años, dos menos que mi madre y veinticinco más que yo. Esto quiere decir que su existencia se está alargando más de la cuenta, más que la de sus predecesores. En cierta ocasión, hablando de esto mismo, del tiempo, me dijo: Y no estés en la idea de que tu padre va a durar para siempre, a lo que inmediatamente, sin pensarlo, me salió solo, del alma, respondí: Eso espero… Ese comentario, por alguna razón que se me escapa, le hizo mucha gracia, tanta que estalló en sinceras y sonoras carcajadas. Pero yo no me reía. Como tampoco mi padre se ríe ya. Nada, o esa es mi impresión, parece hacerle feliz. Ni los cuidados y atenciones que le dispensa mi madre, siempre pendiente de él, de que no le falte de nada, de que lo encuentre todo a su gusto, ni, por el contrario, el odio, la rabia, que parece profesarme a mí, con sus críticas degradantes e hirientes, nunca constructivas, hacia todo lo que hago o dejo de hacer, lo haga bien o no, tratando de ese modo de hacer mella, de minar, mi autoestima, mi amor propio, como tampoco parece sentirse dichoso, bienaventurado, con el cariño y el amor que le profesan, de eso no me cabe la menor duda, basta con verlas cuando están con él, sus dos nietas, mis sobrinas.  Por todo esto, y por más, soy consciente, plenamente consciente, de la clase de muerte que mi padre desea para sí. Conozco, incluso, dónde tendrá lugar. Solo albergo una duda con respecto a su muerte: si le llegará por su propia mano o por causas naturales, un calambre en una o en ambas piernas, por ejemplo, o quizá un simple corte de digestión, o un fulminante ataque a su corazón cansado. Mi padre, de unos años acá, cada mañana, haga bueno o haga malo, tiene la costumbre, sana costumbre por otra parte, y con esto te lo digo todo, de salir a nadar durante más de media hora en mar abierto, en las frías aguas del mar Cantábrico: ¿GLUB, GLUG, GLUB?


David González en el Cuaderno 3, inédito, del ciclo Los que viven conmigo.

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