Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

viernes, 23 de octubre de 2015

Vamos a contar verdades (5): Un "Poeta" que va por la vida de estrella del rock:



UN “POETA” QUE VA POR LA VIDA DE ESTRELLA DEL ROCK


Cruzando la calle, justo enfrente del local en el que se estaba celebrando cierto festival de poesía de, digamos, carácter alternativo, había un luminoso bar con una barra larga y taburetes altos con asientos de cuero, sin respaldo. En uno de esos escabeles, Bov, abreviatura de Bovia, dejó pasar el tiempo, la mayor parte de él, hasta que le llegara su turno de lectura. Bov, estrella del certamen, recitaba en último lugar. De cuando en cuando, Bov cruzaba la calle, entraba en el local poético, calculaba los poetas que todavía tenía por delante y, sin prestar la menor atención a los versos que recitaba el poeta que en ese momento estuviera en el escenario, salía de nuevo afuera, cruzaba otra vez la calle, entraba en el bar de marras y se sentaba en su confortable taburete con asiento de cuero. Dicho de otro modo: no escuchó ni uno solo de los versos de los poetas, a los que a su entender, o eso denota su comportamiento, solo conocían en su casa y en algunos casos ni eso, que fueron desfilando por el escenario de la poesía. Finalmente, empezó a recitar, justo cuando Bov entraba, algún machaca había cruzado la calle hasta el bar y le había dicho que después ya iba él, un poeta que, y doy fe de ello, declamaba y recitaba con tal fuerza, con tal intensidad, que nadie reparó siquiera en que Bov, la estrella, al fin se había dignado a mezclarse con el público y escuchar poesía, que es lo que, a mí entender, debería haber hecho desde el principio, lo que debería hacer cualquier poeta que se tenga por tal, y esto, conste, no es óbice para que, si eres fumador, no salgas un rato a la calle a fumarte un pitillo. Yo lo hago. Pero un rato. Un pitillo. A Bov, mientras escuchaba al poeta que por méritos propios tendría que haber cerrado dicho festival de poesía alternativa, se le pusieron los cojones de corbata. Algo así, para entendernos, como cuando el legendario Jerry Lee Lewis, rebotado por tener que hacer de telonero de Chuck Berry, después de un trepidante concierto, decidió rematar su set prendiéndole fuego a su piano blanco sobre el mismo escenario, ante el asombro y delirio del personal, y luego, al cruzarse con un Berry que seguramente pensaría algo así como a quién habré matado yo para que tenga que actuar detrás de este puto fenómeno, todavía tuvo los santos cojones de espetarle a la cara al pobre de Chuck: Y ahora supera esto, negro… En el caso que nos ocupa, Bov sería Chuck. En el supuesto, claro está, de que Bov atesorara, como mínimo, una millonésima parte del talento que atesora Chuck. Pero, por desgracia para él, no la atesora. Quizá por eso, por esa carencia natural de talento o genio poético, cuando se subió al escenario y acercó su voz al micrófono sus primeras palabras fueron estas: Bueno. Yo no sabré recitar tan bien como… Pero yo sí soy poeta… No, Bov, tú, te pongas como te pongas, te pongan como te pongan, tus amigos claro, no eres poeta. Tú, Bov, y no siento en absoluto tener que escribirlo, lo único que eres, aparte de un desconsiderado de  mierda hacia la poesía de los demás,  es, más mal que bien, un puto envidioso, de la estirpe de Salieri. Así que ten la dignidad, esa de la que tanto presumes, de, cuando menos, no engañarte a ti mismo y creerte lo que no eres, esto es: Poeta. Ni a poetiso llegas. Porque, al igual que tu coleguita Echenei, tú también perteneces a la familia de las rémoras. Que lo sepas. Bueno, yo creo que ya lo sabes.


David González. Vamos a contar verdades. Cuaderno 4, inédito, del ciclo Los que viven conmigo.

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