Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 22 de octubre de 2015

Vamos a contar verdades (4): Un supuesto "Poeta" de Izquierdas (y 2):




UN SUPUESTO POETA DE IZQUIERDAS (y 2)

Pero si los compras, libros me refiero, cosa que diría mucho en tu favor, es posible que te encuentres en una librería de una ciudad cualquiera. Es probable, asimismo, que estés de pie, haciendo cola, para que el supuesto poeta de izquierdas, del que ya nos puso al tanto Oscar en el capítulo anterior, te firme y dedique un ejemplar, el que acabas de adquirir justo antes de sumarte a la cola, de su último libro de poesías. Arriesgándome a una denuncia por apropiación indebida, suplantación, de identidad, en este caso la de cualquier sacerdote, hago la señal de la cruz, mojo mis dedos en la pila bautismal y bautizo a este supuesto poeta de izquierdas con el nombre de Echenei, el que más le pega por otra parte. Echenei, supuesto poeta de izquierdas insisto, desciende de la familia Echeneidae. En otras palabras: viene de la familia de las rémoras. Por si no lo sabes, lo que es una rémora, yo te lo cuento, y cito de la Wikipedia: Se trata de un pez que se adhiere a otro de mayor tamaño, tal que una ballena, un tiburón, usándolos como medio de transporte y teniendo, así, una distribución cosmopolita por todos los océanos del mundo. Eso es, en esencia, una rémora. Eso es, en realidad, Echenei: una rémora. De ahí que ahora esté apalancado en una confortable silla detrás de una mesa sobre la que se apilan montones de ejemplares de su último libro, que no será, desde luego, el último. No nos caerá esa breva. Ahí está, repito, haciéndose pasar por un tiburón de la poesía, cuando, de hecho, no es más que una patética rémora. Lo cierto, eso hay que reconocérselo, es que a Echenei le harían falta más de dos manos  para poder dar abasto a tantas firmas y dedicatorias como tiene que estampar en la primera o en la segunda página de su libro de poesías. Su sonrisa, sobre todo al devolverle su libro a su lector, recuerda, vagamente, al símbolo del dólar. De eso se trata en definitiva, de hacer caja. No de escribir poesía. Echenei, hombre de izquierdas no lo olvidemos, es por lo tanto un poeta social y comprometido con la causa de los más débiles de esta sociedad. Hasta tal punto que justo antes de devolver cada ejemplar de su libro, firmado y dedicado, a cada lector de la cola, le recuerda que Este domingo tenemos que ir todos a votar y votar a la izquierda y sigue con su arenga No nos podemos quedar en casa, tenemos que echar a esa gentuza del gobierno a como de lugarEntonces, en una de esas, a Echenei le suena su teléfono móvil. Echenei le hace un gesto, de que se espere un momento por favor, al siguiente lector, se da la vuelta en su silla giratoria y responde a la llamada. Escucha lo que alguien, enseguida sabrás quién, le explica desde el otro lado de la línea. Echenei asiente con la cabeza, como si su interlocutor pudiese verlo, pero enseguida lo interrumpe, y en un tono de voz, más propio de un tirano que de un poeta, lo suficientemente alto como para que su interlocutor pueda sentir su cabreo y su cólera, pero no como para que los que hacen cola puedan escuchar sus improperios y mal genio, Echenei grita, si no con estas palabras con otras muy similares: ¿Cómo te lo tengo que decir? ¿En chino? ¿Cuántas veces hemos hablado ya de esto mismo delante de los planos? ¿Cómo tengo que decirte que la tercera planta del chalet que me estás construyendo es para uso exclusivo de mi hija y de nadie más? Así que arréglate como quieras pero haz lo que te digo y deja ya de tocarme los huevos…  Hace tiempo, años, escribí un poema de un solo verso, un micropoema, que decía: La cara es el espejismo del alma. Así es la cara, la que ofrece a la galería, de Echenei. Un espejismo. Hace que sus lectores, sus oyentes, vean agua y palmeras, un oasis, donde no hay más que dunas y dunas de arena… No es de extrañar, en consecuencia, que una vez dada por finalizada la bronca que le echó a su Arquitecto, se diera la vuelta en su cómoda silla giratoria y, con la mejor de sus falsas y camaleónicas sonrisas, se dirigiera al siguiente lector de la cola y le recordara que y ya sabes, recuerda que el domingo hay que ir a votar y votar a la izquierda, tenemos que sacar a esta gente del gobierno a como de lugar… Está claro, y esto es innegable, que cada uno con su dinero puede hacer lo que le salga de los cojones o de los ovarios, un pandero pongamos por caso.  Ahora bien, joder, si te defines como un hombre de izquierdas deberías, a mi juicio, predicar con el ejemplo y no únicamente con las hermosas palabras de tu discurso, palabras con la belleza, la hermosura, de las flores o frutas de plástico, y tener, al menos, la decencia de suspender, aunque sea durante un tiempo, la construcción de un chalet de tres plantas cuando hay gente, cada vez más y más gente, a la que desahucian de sus casas: gente, esta sí, de izquierdas, más de izquierdas de lo que lo serías tú así vivieras mil vidas. Decirte, Echenei, por último, que a las rémoras, a diferencia de a los tiburones, no se pegan los peces, ningún pez. En particular, aquellos que, como es mi caso, nadamos contra corriente.



David González. Vamos a contar verdades. Cuaderno 4, inédito, del ciclo Los que viven conmigo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.