Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 21 de octubre de 2015

Vamos a contar verdades (3): Un supuesto "Poeta" de Izquierdas (1):



UN SUPUESTO POETA DE IZQUIERDAS (1)


La señora Degener, mi amante y mecenas en aquel entonces, y yo entramos en un bar de ambiente de Chueca donde ya nos estaba esperando un conocido articulista y poeta y novelista que nunca ha ocultado, cosa que le honra, su condición de homosexual y al que, para entendernos, voy a llamar Oscar, por Wilde. Oscar estaba sentado en un cómodo y mullido sofá desde el que podía controlar quien entraba por la puerta del bar. En cierta ocasión, nos comentó a la señora Degener y a mí una vez hechas las presentaciones de rigor, entró por esa misma puerta un aspirante a escritor, sobre el que llegado el momento también escribiré en esta serie, que poco menos se ofreció a comerle el rabo allí mismo con tal de que Oscar le ayudara en su aún incipiente carrera como escritor de pacotilla. A Oscar, por la razón que sea, no le atraía este tipo lo más mínimo, es más le desagradó ya a primera vista, y así se lo dijo, rogándole que dejara de molestarle y le dejase tomar su copa en paz. Pero ante la insistencia de aquel tipo, Oscar se vio en  la obligación de llamar a los seguratas del local para que echaran a la puta calle al susodicho mamón, de mamada. Esta anécdota dio pie a que Oscar nos asegurase que existen dos clases de escritores. A saber: los que trepan por un determinado árbol y una vez arriba, en la copa, caen en la cuenta de que han trepado por el árbol equivocado. Luego están, nos dijo, los que trepan por el árbol apropiado, del mismo modo que trepó el propio Oscar. Yo le comenté, y fue la única ocasión en que me dejó meter baza en la conversación, más bien monólogo, que existía otra clase de escritores, esto es: los que sembramos la semilla del árbol y luego crecemos con él. Después, Oscar, nos habló de cierto poeta, supuestamente de izquierdas, que formaba, junto con el propio Oscar y otros de su misma ralea, parte del jurado de cierto premio de poesía. El poeta, supuestamente de izquierdas, conocido en la ciudad de la que es natural con el sobrenombre de El Trepa, decidió que dicho premio se lo había que dar a su esposa, poeta mediocre donde las haya y a su propia bibliografía me remito, a lo que Oscar le comentó, sino con estas palabras con otras muy parecidas, que eso sería demasiado descarado. Sea como sea, aquel premio de poesía se lo dieron, sí, lo has adivinado, a la esposa del supuesto poeta de izquierdas. Qué izquierda, cabría preguntarse. Qué poesía, cabría preguntarse también. Ah: y el dinero de dicho premio, así como el de otros de la misma o parecida calaña, sale de nuestros bolsillos. Del tuyo también, compres o no compres libros. Que lo sepas.



David González. Texto inédito que pertenece, al igual que los dos anteriores, al Cuaderno 4, Vamos a contar verdades, del ciclo autobiográfico Los que viven conmigo.


Nota de David González:  Ni como este Cuaderno, el 4, ni tampoco el Cuaderno 3, de dicho ciclo autobiográfico, así como menos aún el resto de  los cuadernos que lo componen, serán, ni lo serán probablemente nunca, editados, y ello por razones en las que no voy a entrar ahora, he decidido, como muestra de agradecimiento a mis lectores, editar en este blog los textos de este Vamos a contar verdades. Se dice el pecado, pero no el pecador. Así que no daré muchas pistas sobre los personajes de estos textos o únicamente las suficientes para que si ellos o algunos de sus amigos más cercanos leyeran estos textos se identificaran y les identificaran. El resto de lectores tendréis que hacer conjeturas, suposiciones, lo que, se mire como se mire, también es un buen pasatiempo en esas horas en que uno está aburrido y no sabé muy bien no ya qué hacer sino qué o en qué pensar. También podéis cruzar apuestas, pues hay otro cuaderno en mi ciclo, el último, el apéndice, en que desvelaré los nombres y apellidos reales de todos y cada uno de los personajes que aparezcan en los distintos cuadernos de los que se compondrá el ciclo del que te hablo. Ese último cuaderno, además, se distribuirá gratuitamente entre mis lectores y  entre todos aquellos que lo soliciten.

Nota 2 de David González: De todo lo que narro en estos textos de Vamos a contar verdades tengo, aparte de mi palabra, palabra de Hombre,  uno o varios testigos presenciales que darán fe y testimonio, si fuera necesario, de que todo lo que aquí se cuenta es la verdad y nada más que la verdad. Pero no la mía. La verdad. La que todos deberíamos conocer. La que se nos oculta o se nos desvirtúa. Pero esta verdad, al igual que esos hierbajos o flores que de cuando en cuando se abren paso entre las grietas de alquitrán del pavimento y salen a la luz, también acaba, siempre, pero siempre, por salir a la luz, a la luz del sol.




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