Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

domingo, 4 de octubre de 2015

José R. Gómez-Fouz: Bernabé, el mito de un bandolero:





    El cabo mira y no ve a nadie, se da cuenta de que el matorral está hundido por haber estado encima el peso de un cuerpo. Avisa de que "El Bóger" escapó y va en su busca. A unos ciento cincuenta metros del lugar donde había comenzado el tiroteo oye jadear, con el brazo extendido lateralmente enciende su linterna (esta técnica de extender el brazo lateralmente era por si su enemigo al ver la luz disparaba, ésta quedara lo más alejada posible del cuerpo), no ve a nadie pero sigue oyendo jadear, apaga la linterna y espera unos segundos a que su vista se acostumbre a la oscuridad. Ve entonces al "Bóger", está tendido junto a un arroyo con una pistola en la mano y con la otra echando agua en las heridas, le lanza una granada, pero la metralla no alcanza al guerrillero; repite la operación y lo único que consigue es dejar al herido seminconsciente por efecto de la onda expansiva. El cabo atraviesa un terreno pantanoso y se planta ante  "el Bóger" con su pistola y a bocajarro le dispara en la frente: la bala entró por la parte frontal, atravesó toda la cabeza y salió por la occipital. El guerrillero echa la cabeza hacia atrás y con la punta de la lengua expulsa los dos dientes incisivos que tenía postizos.
    Una vez muerto, el  miembro de la brigadilla le sustrae más de medio millón de pesetas del dinero que portaba para pagar las armas, le quita también el reloj de pulsera, que en aquel preciso momento marcaba las cinco y media de la madrugada. El infiltrado falangista grita:
    - ¡Cabo, el reloj y el dinero son míos!



José R. Gómez Fouz. Bernabé, el mito de un bandolero. Gran Biblioteca Asturiana, 2ª edición, octubre de 2012.


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