Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 28 de septiembre de 2015

William S. Burroughs Jr: Maldito desde la cuna (1):


Cuando supe de la edición de Maldito desde la cuna, por mi hermano José Ángel Barrueco, tuve el absoluto convencimiento de que yo ya había leído hacía muchos, muchísimos años, más de los que me gusta recordar, algo de este tío, de William S. Burroughs Jr, una novela de carácter autobiográfico, incluso recordaba su cubierta, aunque no el título o la editorial. Llegué a pensar que mi memoria me estaba vacilando. Que se lo había inventado. Pero no. Mi memoria no miente. La novela se llamaba Jamón de Kentucky, editada en la colección Star Books. No sé qué fue de ella. Ahora resulta casi del todo imposible conseguirla. Casi. He visto por ahí un ejemplar a un precio de 25 pavos. Lo que quería decirte es que, volviendo la vista atrás, resulta que los dos primeros libros vinculados a la Beat Generation que leí fueron Una chica en la carretera, de Jan Kerouac, hija de Jack, y Jamón de Kentucky, del hijo de William Burroughs. O por decirlo de otro modo: la escritura de los hijos me llevó hasta la de sus padres y el resto de escritores y escritoras de la ya mítica Beat Generation. Dicho esto, te dejo con la cubierta del libro, muy bien editado por Dirty Works, libros así da gusto tenerlos en las manos y en los ojos:





    Estar con mi padre de algún modo remarcó lo gris que se estaba volviendo mi vida. Culpa mía, por supuesto, y regresar a Atlanta y ver cómo Karen iba a trabajar todos los días no ayudó. Tampoco la marihuana ni la coca, y ya no había más Demerol. Así que seguí bebiendo. Karen, al principio pasmada ante mi estupidez, concluyó que aquello iba a acabar con su cordura. Entonces una noche me presenté en nuestro apartamento con un par de personas y traté de precipitar una orgía. Karen no consintió. Yo dije: ¿Pero qué problema tienes, Karen?. Se encerró en el cuarto de baño y al día siguiente volvió a casa de sus padres.




    A partir de entonces las cosas se volvieron irreales. Perdí el sentido del tiempo. Sufría desvanecimientos prolongados, rehabilitación a saco, lujuria insensata, noches enteras caminando sin rumbo fijo. Me metía mi primer trago matinal, acto seguido potaba. El segundo trago apenas lo retenía. Con el tercero empezaba a sentirme mejor, entonces me ponía en marcha sintiéndome como un Supermán demente, gorroneando pasta cuando y donde podía. Me sentía despreciable, durmiendo debajo de los puentes. Latas de cerveza a la luz de la luna, el sabor congelado de la cerveza en un eructo sustancioso.


William S. Burroughs. Maldito desde la cuna. Dirty Works, junio 2015. Edición de David Ohle. Traducción de Javier Lucini. Ilustración: Iban Sainz Jaio. Diseño y maquetación: Rosa van Wyk y Nacho Reig.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.