Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 17 de septiembre de 2015

Tom Kromer: Nada que esperar (y 3):


    Acostado aquí arriba reflexiono. Ahí hay un vagabundo que ha vivido su vida y ahora se está muriendo entre las mantas roñosas de este albergue. ¿Y a quién le importa que viva o muera? Si con un vaso de agua se le pudiese salvar la vida, de todos modos la palmaría. Nadie en este albergue se lo daría. Ese vagabundo se está muriendo y el tipo que tiene al lado la está armando porque los gemidos de su pecho sin vida no le dejan dormir en paz. Ese vagabundo no ha sido siempre un vagabundo. En algún lugar y en algún momento, ese vagabundo tuvo un hogar. Y quizás, una familia. Pero ¿qué ha sido de ellos? No lo sé. Y lo más probable es que él tampoco lo sepa. Está solo. Vivir en la calle le ha obligado a estar solo. Y morirá solo. Morirá encerrado en un albergue, entre un millar de vagabundos y sus ronquidos nocturnos, pero morirá solo. El rótulo luminoso de ahí fuera seguirá parpadeando en la oscuridad "Jesús es la salvación", pero a ese vagabundo no le servirá de nada porque va a morirse solo.





Tom Kromer en Nada que esperar (Sajalín Editores, 2015).

Traducción de Ana Crespo Bordes.


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