Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 15 de septiembre de 2015

Tom Kromer: Nada que esperar (2):


(...) Werner es un conocido nuestro, un artista que pinta a la gente que se encuentra en el parque. Toda la gente que aparece en sus cuadros tiene una cosa en común: sus miradas reflejan hambre. A la hora de vender sus obras, Werner no tiene más suerte que Karl con los relatos. Los cuadros son buenos, pero nadie los compra. Yo creo que nadie los compra por culpa de esas miradas. Hay hambre incluso en la mirada del millonario gordo que, en uno de sus cuadros, pasea a un perro pequinés. Según Karl, hace falta algo más que un estómago vacío para tener esa mirada en los ojos. En mi opinión, si Werner borrara el hambre de la mirada de la gente que aparece en sus cuadros, podría comprarse más carne y borrar el hambre de su propia mirada. Pero Karl y Werner aseguran que hacer eso significaría traicionar su arte y la verdad es que cuando se ponen a hablar así no los entiendo.




Tom Kromer en Nada que esperar (Sajalín Editores, 2015)

Traducción de Ana Crespo Bordes.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.