Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

domingo, 13 de septiembre de 2015

Tom Kromer: Nada que esperar (1):



    Yo me entretengo mirando a las mujeres que también hacen cola. En las colas de comida siempre se ve a muchas mujeres. Sus hijos son demasiado pequeños para venir a por esta porquería de comida, y por eso tienen que venir ellas. Las miro, las miro a los ojos. Los ojos de las mujeres que hacen cola para que les den comida son dignos de ser mirados: penetrantes, hundidos en unas cuencas profundas, rodeados por una sombra.  A estas mujeres las preocupaciones les han llenado la frente de arrugas. Tienen los hombros encorvados, el pecho plano y una expresión particular en el rostro. He visto esa misma expresión en la mirada de un perro apaleado. Suelen llevar a sus bebés en brazos, y esos bebés suelen estar llorando. Siempre llorando. Pero no lloran porque se estén pinchando con un alfiler, sino porque tienen hambre. Cierran sus puños diminutos y golpean el pecho de sus madres. Aunque pierden el tiempo: ahí no van a encontrar alimentos. Sus madres tienen el pecho plano, sus madres no tienen pecho. Los golpes suenan a hueco. Alimentándose con esa bazofia, es imposible que las mujeres tengan leche. ¿Acaso puede salir leche de un pedazo de pan duro?





    Mi amigo Karl es escritor y siempre tiene hambre. Un dólar a la semana no le da para llenarse el estómago. Pero no es culpa suya. Si no come lo suficiente es porque la gente no compra lo que escribe. Karl escribe sobre bebés que se mueren de hambre y sobre hombres que recorren las calles en busca de trabajo. Pero a la gente no les gustan esas historias, no les gustan los relatos de Karl porque en ellos escuchan el llanto desesperado de las criaturas y ven el hambre en la mirada de los hombres. Karl siempre pasará hambre. Y siempre describirá cosas para que, al leerlas, la gente las vea.



Tom Kromer. Nada que esperar. Sajalín Editores, 2015. De la traducción: Ana Crespo Bordes. Imagen de la cubierta: Dorothea Lange.



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