Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 28 de septiembre de 2015

David González: Mañana, día 29, en el Bar Aleatorio: Lectura íntegra de El hombre de las suelas de viento & El demonio te coma las orejas:



Mañana, día 29 de septiembre de 2015, vendré a este mundo por vez número 51. Lo haré, en esta ocasión, en el interior de un autocar, justo a la hora en que dicho autocar salga de la estación de Gijón  y empiece a recorrer las 6 horas de tiempo que me separan de la Estación Sur de Madrid. Sí, mañana, día 29 de septiembre de 2015, es el día de mi cumpleaños. Y como se da la circunstancia que pertenezco a esa clase de tipos que padecemos el Síndrome de Peter Pan, he decidido ir a celebrarlo, mi cumple, al Bar Aleatorio, recitando de manera íntegra dos de mis libros de poemas, que no poesías, a saber: El hombre de las suelas de viento y El demonio te coma las orejas. Así que ya sabes cuál es el mejor regalo que puedes ofrecerme mañana: estar allí, mañana, en el Bar Aleatorio:




Considero que, como poeta, no existe mejor manera de celebrar el día de tu cumpleaños que recitando tus poemas en compañía de algunos o muchos de tus colegas y para tus lectores o los lectores de poesía en general que quieran acercarse por el Aleatorio a escucharme leer poemas de dos libros que, en cierto modo, son complementarios. Mientras que en el primero que voy a recitar entero, en El hombre de las suelas de viento, hablo del sufrimiento de Rimbaud en África, habla él mejor dicho, en el otro, en El demonio te coma las orejas, hablo de mi propio sufrimiento. Algo así. La historia está previsto que empiece a las siete de la tarde, y hasta que concluya, que no sé cuándo será, porque no tengo ni puta idea de cuánto tardaré en recitar 70 poemas. 




         Descenso
         muy penoso para los porteadores:
         se estrellan con cada guijarro.
         Descenso muy penoso para mí:
         casi me caigo a cada minuto.
         Intento subir al mulo,
         con la pierna enferma atada a su cuello.
         Tengo que bajar al cabo de pocos minutos
y       colocarme de nuevo en la camilla.
         Imposible cruzar el río.
         Lluvia.
         Tormenta.
         Llueve dieciséis horas seguidas.
         Paso ese tiempo bajo una piel abisinia.
         Llueve dieciséis horas seguidas.
         Imposible levantarse antes de las once.
         No tenemos ni víveres ni comida.
         Los camellos se niegan a cargar.
         La camilla ya está medio dislocada
y       la gente totalmente rendida.
         Los porteadores avanzan con dificultad.


         Me tiran al suelo al llegar.

         Me tiran al suelo.

         Me tiran.


          
         En El hombre de las suelas de viento (Arma Poética Editorial, 2015)




EL RESTO DEL CAMINO

a veces ocurre:

me quedo parado
en mitad del pasillo,
mirando fijamente
las baldosas del suelo,

sin reconocerlas,

ni reconocer en ellas

los
pasos
perdidos.



En El demonio te coma las orejas (Glayíu Editorial, 2008).


Así que si te apetece pasarte mañana, ya sabes lo que hay: un viaje a través de ciertas zonas de África y otro por el submundo carcelario :-)







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