Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 17 de agosto de 2015

David González: De todo corazón (y 2): Dos poemas + Sorteo de 3 ejemplares:



Como ya te comenté, los 22 poemas de este De todo corazón no son inéditos, pero, después de algún que otro cambio mínimo, los he incorporado a mi ciclo Los que viven conmigo, dado que hablan de una mujer que será una de las protagonistas principales de este ciclo: Chica. Te recuerdo que la tirada es de 300 ejemplares, numerados y firmados a mano, por la mía. Y el precio es de 5 €. Dicho esto, y como uno de los poemas del libro que voy a subir es un poco largo, empiezo con un poema corto. Léelo con atención, porque después te voy a preguntar algo, y si eres de los tres primeros lectores en responder con acierto, te llevas gratis un ejemplar, con una dedicatoria personal


         NECESIDAD

         cuando las ramas de los árboles son barrotes
y       los granos de maíz cuentas de un rosario
         yo necesito amor:

         cuando la aventura se vuelve conquista
y       los imperios se empiezan por el tejado
y       el hombre agoniza

         yo necesito amor:



         Y esta es la pregunta del sorteo: ¿Sabrías decirme el título de la película que me inspiró las imágenes de este poema? Solo te voy a dar esta pista: No es una película de amor. Si lo sabes, escríbeme a esta dirección de correo electrónico: DAVID GONZÁLEZ POETA, los tres primeros que acierten, repito, se llevan 1 ejemplar cada uno.


         Y esta es la respuesta: La película a la que me refería es Aguirre o la Cólera de Dios, de Werner Herzog, con Klaus Kinski, en el papel protagonista.




         BUENAS INTENCIONES

         a las seis y veinticinco
         de una tarde invernal,
         Chica me llama al móvil:

          acabo de acordarme, dice,
          que no tienes en casa
          café para la merienda,
          ¿quieres que te lo suba:

          no está inútil,
          le contesta mi padre
          desde mi memoria de acceso aleatorio:

          no, le digo: no subas:

          a esta hora de la tarde
          imagino que estará barriendo
y        fregando
          el suelo y los baños
          del bar desde el que me habla:

          un bar de copas
          que le da algo de sabor
          a las sosas noches gijonesas
          de entre semana, la Sal:

          después, cuando termine ahí,
          aún tendrá que ir al supermercado
y        volver cargada, como una burra,
          con las bolsas de la compra:
          bolsas de plástico,
          llenas de botellas de cristal,
          con las asas tirantes,
          cortándole la circulación en los dedos
y        a punto, siempre, de romperse:

          asimismo,
          al barrio donde vivimos
          no le llaman el barrio alto
          porque sí:

y        además,
          por si no fuera suficiente con esto,
y        para ponérselo más difícil,
         ahora, encima, se ha puesto
         a diluviar:

         ¿estás seguro:

         sí, le digo: despreocúpate:

         en realidad
y       más que nada por pura desidia,
         por no tener que vestirme,
         bajar los cinco pisos
y       caminar los escasos cien metros
         que separan mi casa
         del despacho de pan y leche,
         me había hecho ya a la idea
         de que quizá, por esta vez,
         tuviera que renunciar a ese café:
         pero ahora, de pronto,
         me entra el afoguín y me visto, bajo
y       en menos tiempo
         del que tardo en escribirlo
         estoy de vuelta en casa
         con diez sobres de café instantáneo:

         no han pasado
         ni cinco minutos
y       ya están llamando al timbre:

         ¿sí, pregunto: ¿quién es:

         el café, dice Chica: abre:

         entonces,
         para que ella no descubra
         que ha hecho el viaje en balde
y       que su sacrificio
         ha sido completamente inútil
y       pueda disgustarse,
         corro a la cocina
y       retiro el cazo con la leche del fuego:
         lo apago:
         arrojo la leche por el desagüe del fregadero:
         abro el grigo:
         aclaro el cazo: aclaro la taza:
         escondo los sobres de café instantáneo
y       un momento después,
         cuando suena el timbre de arriba
y       abro la puerta y siento
         en mis propios pulmones
         la fatiga de Chica,
         su cansancio,
         comprendo,
         antes incluso de que ella me lo diga,
         que:

          podrías haber bajado
          a encontrarme por la escalera,
          ¿no te parece:



           David González en De todo corazón (Ediciones del 4 de agosto, agosto de 2015).






         Y si eres amante de la buena literatura, poesía sobre todo, recuerda que quizá encuentres el libro que estás buscando en 

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