Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

domingo, 19 de julio de 2015

David González: Poemas Completos (32): El demonio te coma las orejas:





52     JUGO DE NARANJA

         Apenas te sostienes de pie.
         Son cinco días ya sin probar ni bocado.
         Los dos últimos, además, sin beber nada.
         Una huelga de hambre en plan salvaje.
         Piensas constantemente en comida.
         En la comida de la cárcel.
         En el agua tibia con cuatro lentejas.
         En los garibolos, que podrían servir
         muy bien para jugar a las canicas.
         En el arroz viscoso:
         prueba a tirarlo contra la pared
y       verás como se queda allí pegado.
         En las patatas fritas, frías y revenidas.
         En los huevos fritos, sin yema,
         cachos de cáscara rasgando la clara.

         El Mellado entra en la celda.
         Lleva una naranja en la mano.
         La naranja más grande que has visto en tu vida.
         Se la pasa de una mano a la otra.
         La lanza al aire, la recoge.
         Te mira, se cachondea:

         ¿Qué, pringao?
         ¿Cómo lo llevas?
         ¿Todavía no te has muerto?

         Se apalanca en la cama, a tu lado,
y       se pone a pelar la naranja.
         La pela despacio, sin ninguna prisa,
         cuidadosamente.
         Las mondas las arroja al suelo.
         No consigues apartar la mirada
         de sus uñas llenas de roña.
         El jugo de la naranja
         le resbala por los dedos sucios
y       deja por un momento de pelar
y       se los chupa,
         haciendo todo el ruido de que es capaz,
         haciéndolo adrede, por supuesto.
         Se pasa la lengua por los labios.
         Relamiéndose. Como lo perra que es.
         Algunas gotas han caído sobre la almohada,
         muy cerca de tu cara, de tus labios,
         demasiado cerca diría yo.
         Termina, por fin, de mondar la naranja,
         la acerca a los labios, abre la boca,
y       cuando va a pegarle el primer mordisco
         parece arrepentirse, entonces te mira, sonríe:

         ¿Quieres que te dé un gajo?

         No. Uno no.
         Uno es poco. Todos. Los quieres todos.
         Le arrancas la naranja de las manos
y       te la llevas entera a la boca. No entra.
         Te muerdes la lengua.
         También un trozo de labio.
         Entonces arrancas los gajos de tres en tres,
         los llevas a la boca
y       para que entren del todo
         los empujas con la yema de los dedos.
         Tienes tanta gusa que los pasas enteros.
         Sin masticar. Lo que masticas
         son tus propios dedos, tus propias uñas.
         Te atragantas con las pepitas.
         Te empapizas. Toses. Te dan arcadas.
         Te entran ganas de vomitar.
         Pero sigues devorando epilépticamente
         la naranja.

         Después te tiras de cabeza al suelo,
         Todavía tienes que comer
         las mondaduras.



         David González en El demonio te coma las orejas (1997, 2008).

        



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