Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 18 de julio de 2015

David González: Poemas Completos (31): El demonio te coma las orejas:







 50   CARIÑO ANIMAL

         El Freddy no se cansa
         de darle besos en la cara
y       en la comisura de los labios
         al Espina. Le dice al oído:

         ¡Pero cómo me camelas!
         Me traes loco, joder,
         pareces un guayabo.

         El Freddy se comió una muerte.
         Le cayeron más de dieciocho años.
         Por asesinar sesenta y nueve veces
         a un maricón con el que coincidió
         en la barra de una discoteca.

Y      solo porque le guiñó un ojo.





51     EL CRISTO DE LOS FAROLES

         Espina se ducha siempre
         con la camiseta puesta.

         Hace eso para que no podamos verle
         el tatuaje que le cubre la espalda. El tatuaje
         se lo hizo el Taruco. Se lo hizo
         con tres agujas de esas de coser la ropa
y       un tubo de tinta china.

         El Taruco está en el maco por una muerte.
         La de un coleguita que le tangó
         no sé cuántas papelinas de jaco.
         Le llevó al embalse ese que hay
         en San Andrés de los Tacones,
         luego tiró de recortada,
         le obligó a ponerse de rodillas,
         le metió los cañones por la boca
y       apretó los dos gatillos.
         Para deshacerse del cadáver
         le amarró a la cintura,
         con alambre oxidado,
         trozos de chatarra.
         Después lo arrojó al agua.

         Espina quería tatuarse un Cristo.
         El Taruco le tatuó lo que él llamaba
         el Cristo de los Faroles:
         una enorme polla y dos cojones.

         Los tatuajes ya no son un problema.
         Te los puedes quitar con láser.
         Eso hizo Espina:
         aprovechó los permisos ordinarios de salida
         que disfrutaba una vez cada cuarenta y cinco días
y       renegó de Cristo en la criz.

         Sin embargo, ya ves, a día de hoy
         aún sigue duchándose con la camiseta puesta.



         David González en El demonio te coma las orejas (1997, 2008).



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