Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

miércoles, 15 de julio de 2015

David González: Poemas Completos (28): El demonio te coma las orejas:





46    LOS SUBTERRÁNEOS

         ¿Ratas?
         Para ratas las del talego.
         ¿Verdad que sí, tío?
         ¿Verdad que sí?
         Esto son ratas y lo demás cuento.

         Puras ratas de alcantarilla.

         Acuérdate del gato
         que desapareció
         en los tigres del patio.

         Puras ratas de alcantarilla.

         ¿Las oyes?

         Están subiendo
         por las cañerías.
         Vienen hacia aquí.
         Pero no te preocupes,
         no problem,
         coge algo que tenga peso,
         cualquier cosa vale,
         una manta doblada por ejemplo,
y       pon encima tus zapatos
y       tus libros de poemas.
         Eso tendría que bastar.

         ¿Las oyes?

         ¿Oyes el ruido que hacen
         al estrellarse contra la manta?
         Seguirás oyéndolo
         mientras vivas,
         mientras tengas memoria.

         Tienen que recorrer
         unos veinte metros o así
         a cielo descubierto
         si lo que pretenden es cruzar
         de unos urinarios a otros.
         Es cuestión de armarse de paciencia
y       esperar.
         Cuando se aventura la primera
         le arreamos un golpe
         con todas nuestras fuerzas.
         Con un palo de escoba.
         Una buena patada también sirve,
         pero hay que alcanzarla de lleno,
         si no se te puede escapar.
         Luego la llevamos a patadas
         hasta el centro del patio,
y       una vez allí
         alguien saca el encendedor
y       la quema viva.

         Esto por el gato,
         hija de puta.

         ¿Oyes cómo chilla?
         ¿Ves cómo se retuerce de dolor?
         Mírala cómo se arrastra.
         Es inútil. Pierde el tiempo.
         Está muerta.

         ¡Venga!
         Vamos a por otra más.

         Luego, el Papuchi,
         que no es nada escrupuloso,
         les anuda el extremo de un cordel
         alrededor del rabo
y       las cuelga boca abajo
         de las vigas del tendejón.

         A veces, le da también por tirarlas
         por encima del muro,
         al otro lado de las vías del tren.



         David González en El demonio te coma las orejas (1997 y 2008).



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